Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Acertar en el diagnóstico

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El año que se acaba de ir no dejará una huella positiva en la historia de España. Más bien todo lo contrario. La sensación de que las cosas no van bien está cada vez más extendida entre la ciudadanía y así lo reflejan las encuestas, incluso las del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El dato de la última entrega demoscópica de este organismo, de que el 33% de los españoles cree que la situación política es mala o muy mala es enormemente revelador, sobre todo, porque ese porcentaje ha aumentado en diecisiete puntos con respecto a hace un año. Por eso, un simple cambio de una página en la hoja del calendario, no va a hacer que las cosas mejoren. Cuando en estos días, todo el mundo se desea lo mejor para el nuevo año que comienza, se está expresando, en algunos casos, un deseo sincero nacido de lo más hondo del corazón; en otros, se vive simplemente un cierto convencionalismo social. Pero en el fondo, la gente sabe que la situación que se dejó el 31 de diciembre es la misma que heredó el 1 de enero. En lo que hace referencia a los asuntos de la vida social y política de España, el año que acaba de comenzar se presenta enormemente complicado. La enorme irresponsabilidad demostrada por ese “patriota social” -¡cuidado que es cursi el personaje!- llamado Zapatero, ha hecho que gran parte del debate general de los últimos meses gire en torno al Estatuto de Cataluña. El follón en el que se ha metido y nos ha metido a todos los españoles el Presidente del Gobierno es de “órdago a la grande”. El problema es que, ahora, la salida del mismo es enormemente complicada. Zapatero necesita llegar a un acuerdo sobre el nuevo Estatuto. Le va la vida en ello, empezando por su permanencia en el poder que a la postre es lo único que persigue este político mediocre al que unas terribles y dramáticas circunstancias catapultaron hace ya mas de un año y medio al Palacio de la Moncloa. Además, lo planes “pacificadores” de Zapatero para el País Vasco pasan irremisiblemente por un acuerdo en el Estatuto de Cataluña que satisfaga a ETA. En caso contrario, e incluso entonces habrá que verlo, la banda terrorista no concederá la famosa tregua que el Gobierno y su Presidente llevan esperando desde hace ya un año. Por otra parte, el PNV y el lehendakari Ibarretxe están ahí, agazapados, a la espera también de lo que pase con el Estatut, para volver a desempolvar el conocido como “Plan Ibarretxe”. Y como los socialistas vascos han perdido totalmente el norte —véase sino el reciente apoyo dado a los presupuestos del Gobierno Vasco ¿a cambio de qué?- cualquier cosa es posible en esa nueva segunda fase de los planes secesionistas del nacionalismo vasco. El panorama, por tanto, es como para echarse a llorar. Va a ser un año duro, muy duro, donde las cosas que están en juego son muy importantes para el futuro de España. Va a ser la hora de la resistencia activa de todos los que consideran que lo que está pasando en nuestro País es un enorme disparate, que nos ha hecho retroceder enormemente en el túnel del tiempo. Lo importante, por tanto, es no equivocarse en el diagnóstico de la situación, como paso previo para aplicar los remedios oportunos. Y estos parece que no son otros, reitero, que la resistencia activa ante tanto despropósito y esperar a que las urnas pasen factura al gran culpable de todo lo que está sucediendo que no es otro que el nuevo “patriota social” llamado José Luís Rodríguez Zapatero.