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Tribuna libre

Adolfo Suárez

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Es un “deporte” muy español “despellejar” en vida a las personas que triunfan de un modo o de otro y hablar bien de ellas, aunque no siempre,  cuando han fallecido o, como en el caso del ex –Presidente Suárez, cuando su familia ha decidido que los españoles sepamos el deteriorado estado de salud en el que se encuentra quien fue el primer Presidente del Gobierno de la democracia tras la muerte del anterior Jefe de Estado.

 

El veterano periodista Luis del Olmo ha tenido la brillante idea de realizar un homenaje a Adolfo Suárez y nada mejor que su programa “Protagonistas” para llevarlo a cabo. Por los micrófonos de “Punto Radio”, la emisora de Vocento, desfilaron el pasado día 9, los testimonios de personalidades tan relevantes como el Rey Juan Carlos, los ex –Presidentes Calvo Sotelo, González, Aznar, el actual Presidente Zapatero, o ex –ministros de los Gobiernos que presidió Suárez, como Marcelino Oreja, Jaime Lamo de Espinosa, Rodolfo Martín Villa,  Alfonso Osorio o Rafael Calvo Ortega.

 

Cuando el momento político que atravesamos en España, por mor de las decisiones tomadas por Zapatero, se caracteriza por la crispación social, el enfrentamiento entre Comunidades, la chulería y el chantaje de los nacionalismos vascos y catalán; el ataque a valores y costumbres muy asentadas en la sociedad española; el enfrentamiento con la Iglesia Católica; la renuncia del Presidente del Gobierno a derrotar a ETA, el recuerdo de la obra y de la persona de Adolfo Suárez, adquiere un relieve especial.

 

La transición de un régimen de carácter dictatorial a otro democrático fue pilotada por este entonces joven político de Cebreros, que aunque procedente del Movimiento Nacional, tenía profundas convicciones democráticas que aplicó con tino y mucho sentido común en una tarea nada fácil en aquellas circunstancias y que, sin embargo, fue ejemplar en su ejecución.

 

Decisiones como el de legalizar al Partido Comunista de España para que se pudiera presentar a las primeras elecciones democráticas o la amnistía concedida a todos los presos de ETA fueron dos claros ejemplos de lo que se debía de hacer en ese momento, a pesar de los riesgos que se podían correr, sobre todo en la primera de ellas, debido al malestar que creó en el Ejército.

 

Suárez y el partido que fundó, la Unión de Centro Democrático, lideraron el proceso de elaboración, negociación y aprobación de una Constitución, ampliamente refrendada por los españoles y que veintisiete años después, las veleidades de los nacionalistas de Euskadi y de Cataluña, y la vaciedad intelectual acerca de lo que es España del actual inquilino de la Moncloa, está siendo puesta en cuestión.

 

Pero sobre todo, Adolfo Suárez, fue el artífice de un estilo de hacer política basado en el consenso, en la búsqueda del acuerdo, en primar lo que une en lugar de lo que divide, que se echa mucho de menos en el momento actual.

 

En el terreno personal, Suárez ha sufrido enormemente en los últimos años. La larga enfermedad de su mujer, Amparo Illana; su posterior fallecimiento; el cáncer que atacó a dos de sus hijas, son el reflejo de la dureza de la vida, que el ex –Presidente supo afrontar con una dedicación y sacrificio personal, que no hacen mas que acrecentar su talla y categoría humana.

 

Antes de introducirse del todo en el túnel oscuro en el que ahora parece que se encuentra su mente, Adolfo Suárez prestó un último servicio a España, aceptando presidir la Fundación de Víctimas del Terrorismo, lo que supuso un plus de prestigio para este organismo nacido como consecuencia del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo firmado en diciembre del año 2000 por el PP y el PSOE.

 

Estoy seguro que si su salud se lo hubiera permitido, Adolfo Suárez, hubiera estado al lado del  millón de personas que el pasado día 4 salieron a las calles de Madrid para mostrar su apoyo a las víctimas del terrorismo y para exigir al actual Presidente del Gobierno que no negocie con la banda terrorista ETA. Suárez tenía sentido de Estado y era un hombre de valores y de  principios. Algo que se echa mucho de menos en algunos de nuestros actuales gobernantes.