Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Ahora sí toca ANV, como para ocultar que la economía va de barcos y turbulencias

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La política nacional –y por ende la campaña electoral- está tan brumosa que no se sabe muy bien si el Gobierno ilegaliza ANV para ocultar la situación económica, o si aprovecha el problema de la economía para disimular el ‘ahora sí’ de la ilegalización.

Va ser muy difícil para Rodríguez Zapatero convencer a los españoles –socialistas o no- de que la ilegalización de ANV y de PCTV no tiene nada que ver con los tiempos electorales. La pregunta que circula por tertulias y mentideros, por editoriales y comentarios, no puede ser más ociosa: ¿por qué ahora y no antes? Pura y simplemente, porque en marzo hay elecciones generales. Y vale ya.

Además, se puede conjeturar qué va a pasar con la nueva marca batasuna –que la hay y la va a haber en cuanto la ilegalización sea un hecho- porque ahí sí caben otras preguntas: ¿volveremos a las andadas y cuando aparezcan unas nuevas siglas -que todos sabrán de dónde vienen- comenzará otra vez el proceso de investigación por parte de jueces y fiscales? ¿si se inicia el proceso, habrá tiempo material de finalizarlo antes de marzo? ¿volverá a haber una marca etarra en las elecciones generales? Preguntas cuyas respuestas -si no se contestan ahora- no estaría de más que el Gobierno fuera preparando.

Mientras, el juez Garzón autoriza una manifestación ‘porque se trata de un partido legal’, lo que nos hace pensar que estamos en una política de paños calientes que no conduce a nada más que a que Javier Baltza pueda decir que ‘la ilegalización de ANV no ayuda a la lucha contra el terrorismo’. A la ¿lucha? Sí ayuda señor Baltza. A lo que posiblemente no ayude –y quizás es lo que usted quiso decir- es a la ‘negociación’ con la ETA. Y es que las palabras, en según qué idiomas, dan para mucho.

El Congreso de las Víctimas del Terrorismo –con más y mejor asistencia que el bodrio de la Alianza de Civilizaciones- ha puesto de manifiesto actuaciones poco dignas de Rodríguez Zapatero y ha proporcionado a la oposición, incluido José María Aznar, la oportunidad de meter el dedo en la llaga. A eso, María Teresa Fernández de la Vega lo llama inmoral y Blanco, lo califica de integrismo. Es la palabra que ‘ahora también toca’. Blanco cada semana estrena una palabra, con la que califica a las gentes del Partido Popular, y que es repetida por sus conmilitones del Partido Socialista y por Llamazares; ahora tenemos integrismo hasta en la sopa.

Por cierto que Gaspar Llamazares estará disgustado por que se le han adelantado, y en política que a uno se le adelanten, duele. Es el caso, que le ha cogido la delantera la consejera de Sanidad de la Junta de Andalucía y entre María Jesús Montero y Manuel Chaves le han hecho la faena al de Izquierda Unida y han quitado las capillas de los hospitales andaluces. Y Llamazares pensando si andará lento de reflejos.

Una de las cosas relevantes de esta semana ha sido el, casi total, silencio del presidente del Gobierno. Dicen algunos en Ferraz que hay dos razones para esa situación de prudencia. Por un lado la semana económica, escenificada en las bolsas, no aconsejaba ninguna presencia por modesta que fuera y, por otra, parece que ha habido consejos para frenar lo que ha sido una frenética salida electoral, porque quedan muchas semanas hasta el 9 de marzo. Sea lo que sea, el bajo nivel de declaraciones y comparecencias de Rodríguez Zapatero es muy de agradecer, aunque nos tememos que no durará demasiado.

El que sigue durando –de manera inexplicable- es Joan Saura, el fantasmagórico consejero de Interior de Cataluña que, con el auto del juez en la mano, dando pelos y señales sobre el frustrado atentado en los transportes públicos de Barcelona, afirma, sin pestañear, que ‘no hay indicios’. En Barcelona ya se le llama ‘el consejero duracel’. Pero si no se quiere hacer publicidad gratuita, habrá que calificarle –como mínimo- de ridículo.

Y ya con la ‘resaca Gallardón’ muy lejos de las costas del Partido Popular, Pizarro y Rodríguez Zapatero se agarran a las metáforas marineras y nos hablan de turbulencias, de olas y del palo mayor. Todo eso –por seguir con la cursilería del olor a mar- no dejan de ser cantos de sirena y ha sido José María Fidalgo –el que desde el camarote del capitán de Comisiones Obreras, ha puesto las cosas en su sitio, cuando ha dicho que el problema económico lo tienen los remeros situados están en las bodegas del y que están con el agua al cuello. Es decir, los españoles normalitos que no llegan a fin de mes encadenados –seguimos con las metáforas- al duro banco de la hipoteca.

Pero como Solbes balbucea, y en sus balbuceos nos dice que ‘no hay que exagerar’ pues nos tranquilizamos y nos dedicamos a regodearnos en la crisis italiana y contemplamos, una y otra vez, el lamentable espectáculo de los senadores transalpinos, escupiéndose, insultándose y liándose a puñetazos en plena cámara.

¡Por favor, que le escondan el vídeo a José Blanco!

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