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Alguaciles “alguacilados” y Tony Blair que se mete en camisa de 11-M como quien no quiere la cosa

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Hemos pasado una semana de juzgado en juzgado, con policías imputados, testigos de cargo a lo Marlene Dietrich y Tyrone Power, con jueces sancionados

Lo dijo El Confidencial Digital la semana pasada y no se equivocó: lo del ácido bórico en manos de Garzón era como un chimpancé con una navaja cabritera -mejorando lo presente-. Y así hemos pasado una semana de juzgado en juzgado, con policías imputados, testigos de cargo a lo Marlene Dietrich y Tyrone Power, con jueces sancionados, y a base papeles de autos que se rompen porque unos tiran de ellos desde la Plaza de Castilla y otros desde la Audiencia Nacional.    Y ya tenemos a los “alguaciles alguacilados”. Pero ya se sabe que Don Francisco de Quevedo tenía muy mal carácter...   La justicia española se ha convertido en una especie de Verbena de la Paloma, aquella de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega: “Ustedes por allí, vosotros por allá o en un remedo de la Plaza de las Ventas -con perdón de Carod Rovira- en eso que los críticos taurinos llaman división de opiniones. En cualquier caso, un espectáculo.   Y menos mal que era sólo ácido bórico porque si llega a ser cal viva, aquí tenemos una desgracia. Y eso de la cal viva ya se lo recuerdan, en cuanto tienen ocasión, Zapatero y Rajoy y Acebes y Rubalcaba que, además, se están liando a “muertazos” en los plenos de las Cortes y en los pasillos del Parlamento.   Y en estas que aparece Tony Blair y se mete donde no le importa, en “camisa de once varas” o, casi, casi, en “camisa de 11-M” y viene a darnos lecciones de cómo solucionar lo del terrorismo.   Hay que reconocer que las cosas cambian con el Gobierno del Partido Socialista de Rodríguez Zapatero. Antes, cuando venía –si es que venía- un Primer Ministro británico nos las teníamos muy tiesas, se le montaban manifestaciones en la puerta de la embajada y se le ponía una maqueta del Peñón de Gibraltar en la mesa de negociaciones, con una banderita de España en todo lo alto. Ahora no, ahora viene a explicarnos cómo acabar con el terrorismo.   Sólo le faltaba venir con la toga y el birrete de profesor de Cambridge o de Oxford. Y casi viene así vestido porque enseguida se pusieron a hablar de “cayucos” –como si fuera una especie de regata por el Támesis- y Zapatero le explicó al británico las características de esa embarcación.   Claro que, puestos a enseñar, al profesor de Oxford o de Cambridge en materia de terrorismo, igual hubiera sido más provechoso haberle explicado lo que es la ETA; que la autonomía del País Vasco es como doscientas mil veces más amplia que la de Irlanda; que desde el gobierno central nunca se ha suspendido esa autonomía; que hay muchos vascos que no están por la labor, etc., etc. Y así, este buen hombre, se iría a su casa -cuando abandone Downing Street- más ilustrado de las cosas de España que cuando llegó a la residencia del Primer Ministro de su graciosa Majestad.   Claro que también podrían haberle llevado a Piqué para que le contase lo contentos que están los populares catalanes con Moratinos y con sus acuerdos sobre la Roca, que están en Génova que se les salen los ojos de las órbitas. Y es que un barón, aunque sea del Partido Popular, cuando llega “la berrea” de las elecciones autonómicas se hace incontrolable.   Ibarretxe oficializa el diálogo con la ETA y se hace un lío entre los partidos, el gobierno de Madrid, el gobierno de Vitoria y Batasuna. Seguimos sin saber de qué va.   Y lo malo no es que lo ignoremos los españoles. Lo peor es que da la sensación de que tampoco están demasiado enterados en Madrid y en Vitoria, y parece como si se quisiera huir hacia adelante, ganar tiempo e intentar llegar a las elecciones con algo que “llevarse a la boca”. Y lo único que sigue claro y -como siempre, sin la menor duda- son las exigencias de la ETA a saber: presos, autodeterminación y Navarra. Por lo menos sabemos a qué atenernos.   Y, todo hay que decirlo, Zerolo está molesto. Zerolo podría estar molesto por muchas razones e incluso sentirse incómodo, pero lo que de verdad le molesta es que haya una parte del PSOE que “coquetea” con la Iglesia Católica con esto de la financiación.   Y no digamos nada de las molestias que tiene Cuesta con el embajador de España ante la Santa Sede, que Paco Vázquez es como si estuviera pasándose al enemigo A lo mejor es que los socialistas como Zerolo y Cuesta pensaban que el gallego iba a perder la fe a su llegada a Roma, por aquello del famoso refrán. Pero ni por esas, y Vázquez sigue erre que erre intentando que las relaciones entre España y el Vaticano sean las mejores posibles. Cosas de embajadores que no saben cómo distraerse.   Otro que saca los muertos de las sepulturas es José Blanco, y es que este hombre no puede olvidar su tierra gallega y va a pasear la Santa Compaña por todo el territorio nacional. Tiene mérito eso de emplear los fines de semana en decir tonterías mientras aplaude y es aplaudido por el auditorio. Cuánto mejor estaría en sus tierras lucenses tomando una taza de “albariño” que, al fin y al cabo, allí todos le conocen y las tonterías que dijera tendrían menos repercusión y menos recorrido.   Y otra vez ponen los socialistas a las españolas a parir. Dicho sea sin ánimo de ofender. Es decir, vuelven a eso de la cosa paritaria. Ahora, en los Consejos de Administración de las empresas. Caldera no va a parar hasta que no instale lo de la paridad en los cayucos.    El problema es que le entiendan en Europa. Últimamente la tienen tomada con él y cada día le pegan un repaso, y el Ministro se siente coartado y ya no legaliza con la alegría que lo hacía al principio. Y es que el poder desgasta una barbaridad.   Una semana dura para el Presidente del Gobierno, que ha visto cómo le “requisaban” el escaño y, hasta que le confirmaron que era una broma, pasó muy mal rato. Y es que se empieza de broma y, a lo tonto, a lo tonto, no se sabe cómo se va a acabar.   Menos mal que Tony Blair le sirvió de bálsamo, un bálsamo que, por aquello de las lecciones, igual era “Bálsamo BB”.