Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Alto nivel de hartazgo

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Vivimos unos tiempos políticos y sociales en España realmente complicados. Tenemos un Presidente de Gobierno que está incumpliendo lo que prometió al tomar posesión de su cargo hace año y medio, que no fue otra cosa que cumplir y hacer cumplir la Constitución. El ha sido el que se ha empeñado en que el Parlamento de Cataluña aprobara y enviase al Congreso de los Diputados un texto estatutario claramente inconstitucional, insolidario, intervensionista hasta decir basta y que encima nos dice al resto de los españole lo que somos y como debemos organizarnos. Ante el “lío” formado por este texto —sobre todo dentro del propio PSOE y del Gobierno- y ante la imposibilidad de introducir cambios en su formulación si no se cuenta con el apoyo del principal partido de la oposición, se ha comenzado desde las terminales mediáticas afines al Gobierno una campaña contra el PP, intentado presentar a este partido como inmovilista y que está instalado en el “no” permanente. Ya lo podían haber pensado bien antes, podrían replicar algunos. Pero ese no es el “quid” de la cuestión. Lo que ya resulta evidente es la enorme frivolidad, la gran insensatez de un Presidente de Gobierno que no sabe lo que es España, que le da lo mismo que su País sea una nación o varias; que transige con todo lo que le plantean los nacionalistas si eso supone mantenerse en el poder; que no hace más que revisar el pasado y reabrir heridas que estaban cerradas y bien cerradas. Que destila un rencor hacia lo que puede ser el centro-derecha español digno de mejor causa. Que ningunea a las víctimas del terrorismo porque le resultan molestas en sus planes negociadores con la banda terrorista ETA. El resultado de todo este cúmulo de despropósitos llevados a cabo por Zapatero, es que la gente empieza a estar muy harta. El Presidente del Gobierno ha conseguido otro record para su particular currículum: en sólo dieciocho meses ha conseguido crispar a muchos sectores sociales y convertirse en el blanco de las críticas y de los adjetivos más gruesos que jamás un jefe de gobierno había recibido. Aparte de acumular un desprestigio en el exterior y ser el hazme reír de los principales países del mundo. Pero nuestro Presidente, presa de un narcisismo y de un endiosamiento que es directa consecuencia de su vaciedad intelectual y de su ausencia de principios, no parece muy dispuesto a rectificar. Como he dicho en algún artículo anterior, esa actitud no tendría mayor problema si no fuera porque el daño causado lo estamos sufriendo ya todos los españoles. Rememorando la famosa frase de Alfonso Guerra, como sigamos a este paso, a España no la va a conocer “ni la madre que la parió”. Es verdad que cuando dijo eso, nadie cuestionaba en el PSOE lo que era España. Ahora, el primero que lo hace es el Presidente del Gobierno. ¿No hay nadie en el PSOE capaz de pararle los pies?