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Tribuna libre

Amo a Laura y a los progres de la MTV

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Si uno se opone a la pornografía, al matrimonio homosexual o al ‘simio hombre’ no sólo será expulsado del Olimpo de la Modernidad: hay que insultarle. ¡Qué progre todo!

Lo nuestro es pasional: amor a primera vista. Sí. Amo a los progres del Canal Musical de MTV. Son macanudos, modernos, transgresores y, sobre todo, tolerantes. Eso: tolerantes. ¿Les suena? Esa progresía que nos vuelve a enamorar haciendo alarde de sus grandes dosis de tolerancia. Compruébenlo ustedes mismos.   MTV España acaba de estrenar una singular campaña publicitaria. La agencia Tiempo BBDO ha creado una plataforma, con ribetes de secta, llamada Asociación Nuevo Renacer (página web incluida: http://www.nomiresmtv.com) que supuestamente defiende y promueve la castidad y critica el producto que ellos difunden: programación y canciones con ese punto de “insolencia” que les caracteriza. ¿El lema de la ficticia organización de marras? “Por una juventud sin mácula”.   Todo el montaje va acompañado por un video clip angelical, con puesta en escena estilo años 60 y basado en una canción que interpretan, a lo pánfilo, dos lindas parejas. Esta es la letra:   –Hagamos juntos este crucigrama / aplacemos lo otro para un mañana / cantar contigo me llena de alegría / dejemos todo lo demás para otro día. –Quisiera besarte, pero sin ensuciarte… / quisiera abrazarte pero sin dejar de respetarte / amar es saber esperar… / es saber esperar… / es saber esperar… –Amo a Laura… /…pero esperaré hasta el matrimonio. –Amo a Laura… /…pero esperaré hasta el matrimonio. –No voy a arrancar esa flor, / quien la destruya no seré yo. / Joven, recuerda que el amor nace del respeto / que no hay no hay nada más hermoso / en una pareja que saber esperar ese momento juntos / ese momento maravilloso que es la consumación del amor: / Tu paciencia tendrá recompensa…   No me digan que no es genial. La campaña de MTV ha tenido eco en las parrillas de varias cadenas de televisión nacionales –incluso en sus servicios informativos-, y ha generado casi medio millón de descargas en Internet en sólo tres días. Un éxito total para este canal, que, además del elemento musical promueve, según explicitan sus promotores, una programación basada en un humor gamberro, irónico y amante de las emociones fuertes, documentales sobre situaciones extremas y series insolentes.   Algunos ejemplos: Wanna Come In., toda una lección magistral –en formato telerrealidad- sobre el ligue, ideado para pardillos en el arte de la conquista que son guiados en sus aproximaciones a las chicas a través de un pinganillo con el objetivo de que estas caigan rendidas a sus pies; True Life, documentales sobre historias impactantes, como la de esos jóvenes gays que viven una doble vida y preparan su boda; Popetown (“Ciudad del Papa”) polémica serie de dibujos animados que se emite desde el pasado día 3 en Alemania, protagonizada por un Pontífice “loco y excéntrico” y un cardenal “corrupto y criminal”.   MTV España llega hoy a 10 millones de hogares en nuestro país y está presente en los paquetes básicos de la plataforma digital Digital +, en los operadores de cable Ono, Euskaltel, Retecal, R, Auna, y en algunas Televisiones Locales. Bien está. Allá cada cual con el modelo de televisión que quiere ver. Viva la libertad. Sin embargo, uno no puede pasar por alto algunos gestos de estos muchachotes guays cuando promueven una serie ofensiva para los católicos o que, cuando quieren lograr más difusión, recurren al guiño faltón y le propinan un buen bofetón público “a los panolis de la virginidad”.   Tremendamente progre todo. Sabemos de qué va la cosa: lo venimos sufriendo en España desde hace bastantes años. Son los falaces dictadores de las nuevas tablas de la ley: no me impongas tu moral, impongamos la mía. Popes de esta religión los hay a puñados. Josep Ramoneda, por ejemplo, ejemplificaba muy bien el fondo de la cuestión hace unos meses en el diario El País, a raíz de las protestas suscitadas entre los judíos por la película “Munich” de Steven Spielberg y de la controversia fruto de las caricaturas de Mahoma.   En aquella ocasión, Ramoneda pontificó (lean despacio): “Es la consecuencia de creer que se tiene la verdad y que esta creencia da derecho a imponerla a los demás. No es extraño que algunos piensen que el monoteísmo es un obstáculo para la libertad: un solo Dios, una sola verdad. Pero quizá el problema es otro: son religiones acostumbradas a actuar en régimen de monopolio. Siguiendo la pista de Voltaire, una sola religión oprime, dos son la guerra y muchas son una posibilidad de libertad”. Amén. Aleluya.   Si uno se opone a la pornografía, al matrimonio homosexual, a la equiparación de los simios con el hombre, o a la pesca de la trucha en riberas semiterrosas, no sólo será anatematizado por los progres y expulsado del Olimpo de la Modernidad; hay que insultarles –dicen- y, si es posible, llamarles panolis, bobalicones y meapilas. Lo tuyo son preferencias personales –añaden-. Sin entrar, por supuesto, en si estas derivan de juicios verdaderos y, por tanto, universalmente válidos. No. Aquí no se debate. Aquí los liberales, los rebeldes, los socialistas, los transgresores, los feministas, los amantes del mono y díscolos en general parecen disponer de carta blanca –ellos sí- para imponer sus razones (o sin razones) sin necesidad de justificar postura alguna.   ¿Se sentarán algún día los chicos de la MTV –de los que uno se enamora tan fácilmente- a razonar sus críticas contra la virginidad, la castidad en el noviazgo o el respeto a la pareja? Nooooooo. Eso sería perder eficacia retórica. Mucho mejor es sacar a Laura del armario y ridiculizar al que no piensa como ellos. Mucho mejor es sacar el púlpito del armario y pontificar que una religión monoteísta oprime, tesis tremendamente discutible, para la que Ramoneda no ofrecía justificación alguna de fondo, por cierto.   El lector comprenderá mejor ahora ese amor apasionado que uno siente por estos chicos tan elocuentes, con un currículum tan brillante (ganan siempre) y con tanta personalidad para imponernos sus ideas. Amémosles sin rubor, supliquémosles clemencia por no pensar como ellos y esperemos de sus sumas majestades el don de seguir viviendo. Son tan modernos, tan progres, tan intolerantes.

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