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Tribuna libre

Apuntes de vida ligera: Las copas y las letras – ‘Mucho más otoño’ – Primeras setas, últimas terrazas

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Donde se habla de Nueva York, de las primeras setas, de las cenas en casa, de las damas del otoño, de los males del alma, de cucarachas y polillas, del tiramisù y los calzoncillos (pero no a la vez), de Fernando Alonso, del dry martini y de la hora incierta de salir del restaurante. Como añadidura, un poema con 'feeling' otoñal-sentimental.

QUÉ TE TRAIGO DE NUEVA YORK. Hace veinte años traían vaqueros etiqueta 501, polos de Polo, mocasines de Bass o de Sebago, tazas con el anagrama de la ONU, algún 'gadget' de tecnología inhabitual. Siempre trajeron camisas y corbatas de Brooks Brothers, números del Vanity Fair o del New Yorker, frascos de Grey Flannel para oler sustancialmente a violetas en invierno. En los noventa, en Dean and Deluca vendían lo que no se vendía por aquí: sartenes de cobre, agua sueca, salmón de Alaska y sales -negras, rojas- de Hawaii. Todo eso se encuentra hoy en el supermercado 'Día'. Por si no basta Amazon, Barnes and Noble y Strand también tienen estantes virtuales; Kiehls regala muestras en la calle Hortaleza; desde su ciber-mostrador, la carnicería Lobel's despacha sus filetes más pijos a cualquier rincón del mundo. En la ciudad de Madrid, año 2007, es más fácil conseguir una caja de Clos du Mesnil, un terapeuta ayurvédico o un tinte para el pubis que un libro de Balzac. Hace veinte años ocurría al revés pero prefiero no sacarle al mundo moralejas. En todo caso, de Nueva York pueden traerse las corbatas parisinas de Charvet y aun hablan de unas ciertas galletas Yoku Moku.

ALMA INMORTAL. Nunca ha sido banal el argumento que defiende la inmortalidad del alma en la prueba de que, con nuestro encapsulado de finitud, somos capaces de sufrimientos infinitos. Según la teología, la verdad es sinfónica. El dolor -como el tono de los móviles- es polifónico.

MARTINI FARMA. El dry martini es prácticamente la única medicina que se toma antes de comer, por vía oral o -casi mejor- intravenosa. Aporta aún más euforia que poder calórico y vale como aperitivo para cualquier noche a la que queramos dar el comienzo heroico -'canto a las armas y al héroe'- de la Eneida. Junto al fino, el martini compendiaba las posibilidades del aperitivo con vocación de hegemonía. En esencia, el martini es ginebra con un susurro o un trasluz de vermú seco, idóneamente extra-seco e idóneamente Noilly-Prat. Añádase una peladura de limón. Como sucede en otros ámbitos, un martini será escaso y tres será de más. Ingeniosa siempre, Dorothy Parker dejó escrita una rima sobre sus efectos aunque es posible que el martini clásico sea ya un cercado masculino, más o menos como el jazz o algunos libros. Hombre de hígado no tímido, el martini está sin embargo entre las cosas que uno se dosifica o se reserva, por temor de Dios quizá, quizá por temor a uno mismo. Cierto mormón lo hubiese descrito como 'patada de antílope y mordisco de víbora', sin saber que en realidad no buscamos otra cosa. En la lengua queda el rotacismo del beber ('ggacias') pero al alma le sentará como al cuerpo un 'isostar'. Generalmente, es automático tomarse dos martinis y empezar a hablar de Dios en voz muy alta. Llegamos a brillantes conclusiones.

CALZONCILLOS DEL SIGLO XXI. - Perdóneme -pregunto al dependiente-: ¿tienen alguno que no sea para bailar?

HÉROE ALONSO. Hay una nobleza de la voluntad en la expresión de sufrimiento exhausto de Fernando Alonso, apaleado en Hungría o en Japón, apaleado en todas partes, donde sea. Las cosas le han ido tan mal que -como un veredicto astral- su derrota de macabra pasa a trágica. No todo el mundo merece el destino de los héroes aunque la magnitud tan visible y evidente de su empeño posiblemente hace inviable la derrota. Santa rabia del perder y del darse del todo para todo o para nada, con el bólido al final en la cuneta y un saludo a la afición. En realidad, hay tanta determinación entre su ceja y su mandíbula que pronto volverá a morrearse con un 'magnum' de Mumm en la altura olímpica del podio. El genio conoce la contradicción para desarrollar voluntad angélica y no perfección luciferina. Es una ascesis. Bravo muchacho que sabe que la bravura es mejor que la fortuna.

POLILLAS, CUCARACHAS Y NOSOTROS. La misma razón que lleva a las polillas a preferir los jerseys de lana cachemir lleva a las cucarachas 'baby' a preferir el brie con trufas. No siempre nosotros actuamos así, no siempre.

SACHA. Níscalos en Sacha, los primeros del año; primeras setas de cardo en su comedor oscuro. Níscalos a la vez inmemoriales y recientes, humildes, correosos, babosos, insípidos, perfectos. Hermana fea de las setas pero con los ojos muy bonitos. Impulsos primarios del morder, 'retour de l'âge' del apetito, beso por sorpresa y -también por sorpresa- la consideración de estar ante algo sacral y reverente. Huelen a agujas de pino y acepto que una rosa sea una rosa pero me emociona pensar que un níscalo siga siendo un níscalo. ¿Qué don de santidad los ha cocinado así de bien? Deglutir aburre pero la cocina -alguna vez- puede tener tanta verdad que no sea placer sino belleza. Halago nocturno de Sacha en Chamartín.

TIRAMISÙ. Una guía de los 'highlights' actuales de Madrid nos hablaría de los huevos con trufa en Viridiana, de las gambas gabardina en el Wellington, del menú chifa en La Gorda, de la pizza en La Nonna, del pez mantequilla en los Kabuki, del curry del día en Sudestada, del mole en Chile Verde o del pisco sour en Astrid y Gastón. No faltan opciones ni prestigios, sean 'instant classics' o clásicos de siempre. No olvidemos las cigalas de Casa Rafa que nos saludan con las pinzas al pasar, ni el hondo pan de Baby Beef, ni la excelencia de la pasta de Ignazio Deias en Boccondivino, en Per Bacco, en la académica Acquafredda. Apuntemos sin pasiones exhaustivas la merluza de La Ancha, la tortilla de Sylkar, las croquetas del Tomillar, la carta de champañas de la venerable casa Cuenllas, la masa encefálica de los carabineros de St James, esos riñones al Jerez de Castelló 9 con un sabor de crudeza prácticamente 'hardcore', el hispánico morcillo de Asturianos, el solomillo a la broche de Jockey y su tono rosa 'cuisse de nymphe'. En Più di Prima están las flores de calabacín y unos langostinos con sesos de cordero (!) que quitan el pudor estético y la inquietud intelectual de comer algo tan escandaloso como sesos de cordero. En realidad, Più di Prima es el sitio del tiramisù, perfectamente untuoso, dotado de una sustancia del todo dulce y palatable. Ese tiramisù es otra de las grandes consecuciones de la dulcería católica aunque por lo visto se originara en un burdel y no en un convento. Por mi parte, han sido muchos años, muchos tiramisùs, no pocos sobresaltos. El de Dalli's era de los favoritos pero Dalli's (Madrid-Marbella) cerró en el plazo de un suspiro. Più di Prima, en cambio, no cerrará mientras exista esa nueva pijez que frecuenta la calle de Hortaleza con informalidad divina, inmoralidad muy práctica y no pocos euros en el banco. Larga vida y recuérdese que la grappa -sólo la grappa- siempre joven.

CATA DE VINOS. Entre cigarrillo y cigarrillo, aquel viejo catador francés evaluaba los vinos según este baremo: 'bon', 'très bon' y 'de la merde'.

LA HORA PEQUEÑA. Esa hora pequeña de salir del restaurante, cuando quizá podríamos volver a casa sin esfuerzo, asentados el estómago y el ánimo, tibios de la risa recién reída, con los ojos todavía en el último brillo del champán. Hay alguien que apaga la luz pero persiste por dentro esa luz calorífica del vino. Los camareros recogen la copería y los manteles; la dueña empieza a hacer la caja, se desconecta el hilo musical. Salimos al frío ya oscuro de la tarde o a una noche de quietudes sorprendentes: en pleno centro de Madrid, nos velan todavía la amiga luna y el cursi palpitar de las estrellas. Podríamos volver a casa sin esfuerzo, no tomar la gran avenida de las copas. En esa hora pequeña, un silencio en tono menor nos deja vagamente anhelantes, pensativos en la vida, en el libro de los salmos, en la 'tatin' de manzana con vainilla, en la equivocidad de los deseos. Nos hemos dado tanto que sólo nos reconocemos por la punta de los 'Church's'. Hace aire y es mejor abrocharse el alma y la chaqueta. Alzas el espíritu al Señor -y al mismo tiempo posas la mano derecha en su cadera: nuestra miseria es cómica, irremediable, interminable, mais quoi faire? Cada cual necesita sus apoyos. Fosforecen las arquitecturas de la noche y cuesta optar por la vida como gozo o como espanto así que la decisión queda en suspenso. Algo íntimo en la calle nos inclina a dulzuras con hondura: el corazón parece buscar una muleta, pedir un cigarrillo pero -en el último momento- un 'twist' de ironía despejará el romanticismo. Es común que todo se resuelva en unas copas.

CENAS EN CASA. De vocación anfitrión o posadero, siempre habrá un punto de gozo en extender sin arrugas el mantel para recibir a los amigos. Una o dos veces al mes, un camembert bien afinado, un foie con gelatina de Sauternes, lomo y jamón de la casa, quizá una ensalada o una crema, de segundo una carne, pastelería experimental o directamente un soufflé. Hay que dar un uso a la vajilla buena y poner los saleros de Waterford sobre la mesa; a veces, tulipanes amarillos en una cubitera transparente de Moët: no nos vayan a tomar por gente seria. Sacamos aperitivos y sonrisas porque sacar la coctelera pudiera ser devastación. La norma implícita es no servir a los invitados el vino bueno pero hay un confort en la felicidad de los demás y yo trabajo, con perdón, para beber tinto Valbuena. Placeres de la compañía y la cercanía y la conversación, con la anécdota de cada noche: he ahí al amigo que -cansado y emocional por un godello- se enamora a gritos de dos mujeres que hablan en un cuadro del salón, muy para la sorpresa de los sobrios. A la mañana siguiente, queda en la casa un ambiente de ceniza fría y champán sin burbujas, directo al fregadero. Alguna gente tomaría este momento como un momento de pequeña tristeza y soledad, como si la vida fuera un fin de fiesta. Menos mal que uno es inmune a tan disparatados sentimientos.

DAMA OTOÑO PASÓ POR AQUÍ. Vuelve el desaliento de la lluvia y ante la ventana seremos de nuevo esos hombres que se llevan la mano al corazón. La lluvia puede ser muy 'cozy' y de pronto resulta que nos apetecería estar muy tristes. Es otra vez el otoño de frutos sabrosos, de latido de bosque y fermentaciones de vino, 'intermezzo' de humedades y muerte y alegría. Me asomo a la ventana y no es por darme aires pero pienso en Georg Trakl. En unos días, el olmo del Retiro ha de desfallecer en cada hoja y nosotros recogeremos -rito anual- la primera castaña que cayó de los castaños. Será grato pasear por aleas de solemnidad centroeuropea, sentir la calidad de una lana, la lectura mezclada con el sueño, un flequillo a contraluz, texturas domésticas de 'luxe, calme et volupté'. Alguien nos invitará a buscar setas y hemos de aceptar. Asomado a la ventana, veo pasar a las mujeres del otoño, las mismas año a año, perfectamente iguales, sin más cambios que el foulard. Mujeres solas o con niño, que aprietan el paso contra la verja del Retiro y caminan como astros que no dudan, con la melancolía leve de la mediana edad. La lluvia de la tarde encrespa su pelo y eso tal vez encrespe momentáneamente su carácter. Cada año piensas que estas mujeres del otoño tienen un poema pero este año más bien las invitarías a pasar. 'Tanta tardor perfectament humana'.

LAS ÚLTIMAS TERRAZAS

Baja estación: ya es octubre en la terraza, un octubre estival de tardes tibias, charlas a media voz, cointreau con hielo e imprecisas nostalgias de vivir… ¿Cuánto queda todavía? El tedio era nuestro secreto sin palabras, la verdad que se sabe y no se dice, la desgana de todo, nada y siempre. En el tiempo se han muerto tantas cosas que mezclamos la vida con la fábula como el cointreau se mezcla con el hielo: es un gesto casi dulce de abandono, la espera de la niebla por venir, un frío anticipado para el alma, que a través de la copa filtra el sol… Y en esa opalescencia inexplicable, a merced de la tarde, los dos solos, quedamos detenidos, olvidados, inútiles por siempre a la memoria, como el golpe de viento que clausura las últimas terrazas de este otoño.