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El cese del Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional , Eduardo Fungairiño, es un hecho que confirma lo que es una práctica habitual de este Gobierno y más concretamente de su Presidente. Si algo o alguien estorba para los objetivos finales, lo que hay que hacer es quitarle de en medio. Da lo mismo que esto suponga una evidente vulneración de la división de poderes, o que, como en el caso de Fungairiño, se “pague” de forma tan miserable lo que ha sido una vida dedicada ejemplarmente al servicio del Estado. De las evidencias que existían sobre las intenciones negociadoras de Zapatero con ETA, estamos pasando ya a la fase de los hechos. Así hay que entender el cese de Fungairiño y no en base a las bochornosas explicaciones dadas por su jefe, el Fiscal General del Gobierno que no del Estado, Cándido Conde-Pompido, que además no ha tenido ningún rubor en declarar que el próximo Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional debería de ser una persona más dócil y con mayor sintonía con las tesis gubernamentales. Eso se llama independencia, señor Fiscal General. El Presidente del Gobierno ha realizado en los casi veinticuatro meses que lleva en La Moncloa, continuos gestos dirigidos al mundo de ETA y de Batasuna. Permitió que la lista continuadora del brazo político de la banda terrorista, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, pudiera presentarse a las últimas elecciones autonómicas, obteniendo siete escaños en el Parlamento Vasco. Después procedió a la voladura del Pacto Antiterrorista que él mismo firmó con el PP. Esa voladura se oficializó el día que el Congreso de los Diputados aprobó una moción a propuesta del PSOE en la que se autorizaba al Gobierno a entablar un proceso de diálogo-conversaciones con ETA, en caso de que la banda terrorista abandonara las armas Esa moción, como se recordará, no contó con el apoyo del principal partido de la oposición. Con las víctimas , Zapatero tampoco se ha parado en barras. Como sabe que serán un “estorbo” y una dificultad en un escenario de negociación con ETA para que los presos de la banda salgan a la calle, lo que ha intentado el Presidente del Gobierno es arrinconarlas y dividirlas. No lo ha conseguido del todo, porque ahí está la Asociación de Víctimas del Terrorismo y algunos otros colectivos que no están dispuestos a consentir que se lleve a cabo tanta indignidad con quienes fueron asesinados a lo largo de estos cuarenta años. El poder que tiene un Presidente del Gobierno es muy grande; mucho más cuando se salta las reglas del juego. Cuando no respeta lo que han sido unas normas fundamentales que todos los gobiernos anteriores han tenido en cuenta y que, en el caso que nos ocupa, la lucha antiterrorista, se podría resumir de la siguiente forma: con ETA no se negocia nada. A ETA hay que derrotarla. El consenso en esta materia entre el Gobierno y el principal partido de la oposición es algo básico y fundamental. Las víctimas del terrorismo, no sólo tienen que ser oídas, sino escuchadas, que es algo más. Ninguna de estas tres normas está siendo respetada por Zapatero. Su inmadurez en este campo es inmensa, y ETA sabe desde hace tiempo que enfrente tiene a un Presidente débil, sin principios, sin convicciones, sin valores. De esta forma, lo previsible es que la banda terrorista abuse de Zapatero. El problema es que si todo quedara en una cuestión personal, allá cada cual; lo malo, es que todos saldremos perdiendo en esta batalla, por culpa de un político profundamente irresponsable.

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