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Asesinatos fortuitos

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A Rubalcaba no le cuadra que los etarras maten guardias civiles. Ya llevan 207, además de otras 800 personas de la más variada condición, pero él, apuesta por el diálogo.

¿Es posible que un asesinato sea fortuito? El asesinato se define como “crímen alevoso premeditado” y la palabra fortuito significa “súbito, involuntario, accidental, imprevisto, casual”. 

El ministro del Interior calificó como “encuentro fortuito” la coincidencia en una cafetería de los dos guardias civiles asesinados con sus verdugos. La idea que Rubalcaba ha intentado transmitir con esta afirmación es que la muerte de los dos agentes es fruto de la fatalidad ya que si no se hubiese producido ese “encuentro fortuito” nada habría ocurrido. Es decir, los etarras no tenían intención de matar pero al tener al lado a dos jóvenes de paisano que olían a “chakurras” –palabro que en vascuence significa perro- no les quedó más remedio que dispararles a bocajarro y como además sabían que estaban desarmados, pues con más motivo. No se pudieron reprimir. En definitiva, siguiendo el hilo del pensamiento de Rubalcaba fue un asesinato fortuito, casual, equiparable a las bombas accidentales de Zapatero.

A Rubalcaba no le cuadra que los etarras maten guardias civiles. Ya llevan 207, además de otras 800 personas de la más variada condición, pero él, como apuesta por el diálogo y quiere hablar con esos señores que llevan pistolas, está perplejo de que “casualmente” las hayan usado.

Resulta estremecedor que el Gobierno todavía se crea y quiera hacer creer a la sociedad española que Eta es capaz de reciclarse, que se puede pasar página como si no tuviera un trágico rastro de muertos tras ella, que puede obtener algunas de las reivindicaciones por la que ha matado, mata y si sigue existiendo seguirá matando, que se puede llegar con ella a un apaño intermedio.

Zapatero y su Gobierno han elegido para esta legislatura el deshonor. Posiblemente convencidos de que “negociando” con Eta alcanzarían “la paz”, han despreciado la defensa de la libertad y de la integridad de la nación, han dinamitado la unidad de los demócratas constitucionalistas y no sabemos todavía si finalmente se han dado cuenta de que todo su desideratum ha sido un espejismo, de que su anhelo no coincide con la tozuda realidad.

Es más que descorazonador comprobar la falta de credibilidad a la que ha llegado este Gobierno con su empecinamiento por utilizar caminos heterodoxos no para derrotar sino para convivir con una Eta transmutada en organización política respetable. Por eso, la miserable y ramplona concentración celebrada el pasado martes 4 de diciembre, a la que acudieron menos de 5.000 personas ha sido la escenificación de un fracaso estrepitoso, la lamentable conclusión de una legislatura que en el ámbito de la lucha antiterrorista se ha caracterizado por el engaño, la ocultación y el desestimiento en la defensa de los valores esenciales de cualquier estado democrático. Por eso, los españoles –sabios- no se han creido el llamamiento gubernamental, por eso no han secundado una convocatoria cuyo lema , sin embargo, ha sido intachable: “Juntos, por la derrota de Eta”.

Si ese ese lema se conviertiese en el objetivo esencial de la lucha antiterrorista y el Gobierno fuese capaz de interiorizar y hacer suya la divisa de “La Guardia Civil muere pero no se rinde”, si el ejemplo de estos jóvenes guardias –escudo de todos los españoles- penetrase en los despachos y fuese el referente que guiase los comportamientos de nuestros dirigentes, estaríamos en el buen camino.

Ellos han dado lo mejor de sí mísmos, han servido a España hasta la muerte. El mejor reconocimiento que se les puede hacer, a ellos y a todos los que cayeron antes, es mantener su espíritu y continuar su trabajo hasta conseguir el final de ETA. Se lo merecen ellos, nos lo merecemos todos, se lo debemos a España.