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Asombros de género

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A propósito del género, sugiero el uso de la alternativa gráfica que he visto en algunas pintadas de la ultraizquierda más innovadora: “Autodeterminación para lxs vascxs”

La portada de Yahoo, que selecciona cada día alguna noticia curiosa, me sorprende esta mañana con el titular «¿Un hombre embarazado?». La ficción, siempre varias yardas por delante, ya tenía resuelta esta ancestral incompatibilidad, al concebir Schwarzenegger por obra de una sustancia que su personaje en la película Junior, un científico, había descubierto. En la realidad, no obstante, lo más cerca que un hombre lograba estar del embarazo, hasta ahora, consistía en dejar que la cerveza le moldeara la línea o, caso del padre concienciado y moderno, en cargar a la altura del vientre con el bebé –de modo metonímico y ex post facto, que siempre es más llevadero– en la mochila de Prénatal.

La noticia que nos ocupa es más complicada. Dice la información que «Thomas Beatie, un transexual varón casado, dará a luz a una niña el próximo verano después de varios intentos por quedar embarazado». Según la crónica, Beatie forma pareja desde hace más de diez años con su mujer, estéril por culpa de una enfermedad. De ahí que él haya asumido la misión de aportar la descendencia. A la pregunta de cómo se siente, responde: «Estoy estable y seguro de mí mismo como hombre que soy. Técnicamente me veo como un sucedáneo de mí mismo, aunque mi identidad sexual es de varón». Para un acercamiento conceptual a todo este galimatías, puede sernos útil ver de nuevo aquel capítulo de Aquí no hay quien viva en que un ex, transexual, de Mauri, le explicaba que no era una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, sino una lesbiana atrapada en el cuerpo de un gay: un hombre lesbiana. A la inversa, puede que Beatie no fuera un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, sino un gay atrapado en el cuerpo de una lesbiana: una mujer gay.

En todo caso, y hablando genéricamente, el género se está convirtiendo en un género muy transitado. Intervenciones quirúrgicas que permiten la llamada reasignación de género, leyes que pretenden fomentar la igualdad de género, disposiciones que quieren acabar con la violencia de género, recomendaciones para que en la lengua se use paritariamente el género gramatical, este sí, género propiamente dicho. (A propósito, y para evitar cansinas reduplicaciones, sugiero el uso de la alternativa gráfica que he visto en algunas pintadas de la ultraizquierda más innovadora: «Autodeterminación para lxs vascxs».) Quizá en materia de ontología sexual –y en su reflejo lingüístico–, caminemos hacia un igualitarismo de lo más beneficioso para todxs, pero tampoco es descartable que se verifique la predicción de Mark Renton, protagonista de Trainspotting, quien tras entrar en una discoteca y ver el panorama, teorizó sombríamente desde un perspicaz darwinismo: «Dentro de mil años no habrá hombres ni mujeres, sólo gilipollas».