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Balance por Navidad

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Hagamos el resumen del año que expira. Dejemos de un lado los tsunami, terremotos y tifones que, como siempre, no nos dejaron vivir tranquilamente. A mi modo de ver, son mucho más importantes los resultados de lo realizado por el propio hombre. ¿Qué ha hecho éste con su poderoso intelecto, dudosa moral e ilimitada presunción? Por ejemplo, el alcalde de la ciudad de Biritiba Mirim, Brasil, dictó una orden que prohíbe morir a sus habitantes, porque en el cementerio local no hay lugar para nuevos entierros. A los infractores se les multará. Ustedes ya conocerán esa novedad, que no puede pasar inadvertida. Pero en nuestra época de management es imposible no mencionar tan brillante directriz. Con pleno derecho, puede considerarse Hombre del Año al presidente de Irán, Ahmadinejad: le bastó con pronunciar un par de frases memorables sobre Israel para que su nombre, difícil de pronunciar, fuera conocido por toda la Humanidad. Mas dirijamos nuestras miradas a lo cotidiano, empezando por Rusia. Aquí, el acontecimiento principal fue la puesta en marcha de varios proyectos nacionales (cosa que en mi patria no sucedía desde hace mucho ya), todos relacionados con la esfera social: la construcción de viviendas, mejoras en la sanidad y la enseñanza pública, lo que indica el comienzo de la convalecencia del país. Claro, que a la fuerza ahorcan: dicha esfera se encuentra en tal estado de abandono que urge tomar medidas. Además, el arranque no es lo mismo que la meta. Por otro lado, termina, por fin, la epopeya chechena. Tras las recientes elecciones parlamentarias, Chechenia ha retornado de lleno al campo constitucional de Rusia, por lo que se puede olvidar del “separatismo”. ¿Qué va a hacer en esta nueva situación el Parlamento Europeo? No puedo ni imaginarlo. En cuanto a la política exterior rusa, parece que entramos en una etapa de corrección de líneas de actuación, al hilo de la nueva situación que se configura a lo largo de sus fronteras. Es obvio que tras 14 años de existencia de la CEI hemos podido evitar el desarrollo de acontecimientos según el peor de los guiones, como, por ejemplo, en el caso yugoslavo, pero no hemos logrado divorciarnos de modo civilizado, que es lo que Moscú pretendió hacer desde el momento mismo de la desintegración de la URSS. Ucrania nos está robando gas; Moldavia prohíbe, haciendo ostentación de ello, la presencia de observadores rusos en sus elecciones parlamentarias; Georgia amenaza con bloquear el ingreso de Rusia en la OMC... Este tipo de acciones son propias del clásico histerismo de quienes se divorcian de manera no civilizada. En tal contexto, Rusia no puede por menos que estar elaborando una nueva línea de actuación a aplicar en su relación con sus vecinos. En cuanto al mundo en su conjunto, no creo que 2005 pueda considerarse un año feliz para Europa, que no consiguió aprobar su Constitución, riñó al debatir su presupuesto común, sufrió atentados en Londres e incendios en París. Eso, por no hablar de que la UE, de momento, semeja ser una taza rota, una mitad de la cual son los miembros viejos de la Unión, y la otra, los nuevos, orientados en su mayoría no a los intereses europeos sino a los de EEUU. Un reciente ejemplo de ello es el escándalo surgido en torno a Polonia, donde se encontraba la principal cárcel secreta de la CIA. De momento, con su ampliación la UE sólo ha conseguido debilitarse; hasta hay pérdidas morales. La Unión Europea de 2005 recuerda a un boxeador que ha decidido pasar a una categoría más pesada, pero no ha tenido suerte: ha ganado barriga, pero ha perdido fuerza y rapidez. España constituye una excepción. 2005 ha tenido que parecerle tranquilo, después del trágico año anterior, y hasta acogedor, pues en la familia real, la princesa de Asturias dio a luz a la niña Leonor, motivo por el cual felicito sinceramente a todos los españoles. El año que expira ha sido muy desafortunado para EEUU, que está recogiendo frutos de su descabellada aventura en Iraq. Se ha visto socavada la fe en el poderío de la superpotencia, que se muestra incapaz de controlar un país subdesarrollado, y menos aún de combatir en dos frentes, según lo prevé su doctrina militar oficial. Escándalo con motivo del mal trato a los presos en las cárceles de Iraq, empleo de un arma química prohibida en Fallujah (¿cómo enjuiciar tras ello a Sadam Husein?), escándalos provocados por la dudosa actividad de la CIA... ¿Qué más hace falta para demostrar que el infortunio persigue a EEUU? Por algo Zbigniew Brzezinski, al mirar a la actual Administración de la Casa Blanca, empieza a hablar horrorizado sobre el ocaso del “imperio estadounidense”. Ofreció una imagen mucho más positiva la China comunista-capitalista, que va acrecentando su poderío, prueba de lo cual son sus nuevos logros en la exploración del espacio. Y si de la comunidad mundial hablamos, conviene hacer constar que no ha tenido mucha suerte. En vez de dedicarse a la reforma de la ONU, que maduró hace mucho, la diplomacia mundial se vio sumida en el escándalo que estalló en torno al programa de la ONU “petróleo por alimentos”, elaborado para Iraq. En Oriente Próximo, entre arenas palestinas, se han perdido definitivamente la “hoja de ruta” y cosas por el estilo. En general, fue un año llano. Con raras excepciones, los principales responsables políticos actuaron con sorprendente franqueza. Creo que a Bismarck y Metternich les parecería aburrido vivir en 2005, hoy en día son los politólogos quienes crean en ordenadores la intriga fundamental, los que amenizan la prensa ofreciendo pronósticos y sensaciones virtuales. Pero como es sabido, lo de tornase más interesante la vida no siempre es de buen agüero.