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El mercado de los contenidos audiovisuales, y más en particular el de la TV de pago, comienza a normalizarse. Véase Sogecable.

Sogecable ha sido durante años el referente inexcusable, para bien y para mal, de la televisión de pago en nuestro país. Un referente tan notorio y destacado que no cabe atribuir su éxito únicamente a los favores políticos. Los gestores de Sogecable y, sobre todo, los que pusieron en marcha la marca Canal + en España, lograron convencernos a propios y extraños de la calidad de un producto que en realidad no era para tanto. Lo que sí era excepcional era el envoltorio, la seducción de que se logró dotar a la marca, que es lo que la mayoría de los abonados han estado comprando hasta ahora.   Tan es así que incluso cuando Canal + estaba ya en sus horas bajas y existían en el mercado otros competidores capaces de hacerse con paquetes de derechos de cine y deportes para armar canales alternativos al Plus, los inversores se retraían porque no podían creer que efectivamente hubiera alternativas viables, por mucha “deconstrucción” que los consultores se empeñaran en hacer de Canal + demostrando sus debilidades y carencias.   La exclusividad de Canal+, buque insignia al que después se acompañó de una flotilla de canales temáticos propios, se ha sostenido sobre una estrategia de integración vertical. Sogecable ha querido ser líder en todos los negocios que integran la cadena de valor del audiovisual, construyendo dicho liderazgo concatenado sobre el dominio de las ondas y de la difusión. Eso ha funcionado para la tele analógica, que admite una competencia limitada, pero hace aguas en la era digital de la multiplicación de soportes y modos de difusión y consumo de contenidos audiovisuales.   La prueba palpable de que se están produciendo transformaciones importantes en el mercado audiovisual español es el anuncio de que Sogecable pone en marcha una unidad de negocio para vender contenidos propios a los nuevos soportes (cable, ADSL, dispositivos móviles, terminales portátiles, etc). Sogecable lleva, de hecho, vendiendo contenidos propios y ajenos a operadores de cable y ADSL desde hace algunos años, pero siempre como negocio secundario y desde posiciones marcadas por una cierta soberbia empresarial, contestada ante los organismos de defensa de la competencia nacionales y comunitarios.   Con el paso de los años, los pequeños competidores han ido creciendo y dotándose de contenidos propios. ONO es en la actualidad no sólo el mayor operador de cable del país, sino también uno de los mayores productores y empaquetadores de canales y contenidos de televisión de pago. Imagenio acaba de confirmar que aspira al millón y medio de abonados a su servicio de televisión, alimentado por canales que suministran todos los proveedores nacionales e internacionales, y por derechos de cine que adquiere directamente de las grandes productoras mundiales.   La noticia de la creación de la nueva unidad de negocio de Sogecable ha recibido una atención tan escasa por parte de los medios de información, que da pie para concluir que después de tantos años de batallas políticas y empresariales, por fin el mercado de los contenidos audiovisuales, y más en particular el de la televisión de pago, comienza a normalizarse. Al menos en lo que toca a Sogecable.

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