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Tribuna libre

Bofetada moral a ZP

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 “Usted ha traicionado a los muertos” le espetó el líder de la oposición, Mariano Rajoy, al Presidente del Gobierno en el “duelo” mantenido por ambos en el reciente Debate sobre el Estado de la Nación. Esa acusación, dura, contundente, hizo que muchos socialistas se revolvieran en sus escaños, porque indudablemente la memoria de militantes y cargos públicos del PSOE como Enrique Casas, Fernando Buesa, Fernando Múgica, Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede, asesinados por ETA, planeaba sobre el hemiciclo del Congreso de los Diputados.

 

Pero lo que menos esperaba Zapatero es que, no repuesto todavía de ese duro golpe, la bofetada moral le viniera al día siguiente, no de un político de la oposición, no del editorial de un periódico más o menos próximo al PP; no de los comentarios de tertulianos no adictos al régimen socialista. No, lo que no imaginaba es que la bofetada le viniera de una víctima del terrorismo tan significativa como Pilar Ruiz, la madre de Joseba Pagazaurtundua, el jefe de la Policía Municipal de Andoaín, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003.

 

Pilar Ruiz es una señora mayor, tiene 73 años, represaliada durante el franquismo y, sobre todo, es madre de una víctima del terrorismo. Cuando asesinaron a su hijo ya dio muestras sobradas de un coraje, de una talla humana y moral fuera de lo común, al enfrentarse  tanto con el PNV y con su Presidente de entonces, Xabier Arzalluz, como con el Gobierno Vasco de Ibarretxe.

 

La carta, publicada en ABC el jueves día 12, al día siguiente del “cara a cara” Zapatero-Rajoy en el Congreso, donde quedó claro la total ruptura del Pacto Antiterrorista, constituye un auténtico aldabonazo para la conciencia de cualquier gobernante a la hora de plantearse algún  tipo de negociación con los terroristas. Por eso, aunque formalmente la misiva va dirigida al secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, en el fondo, su destinatario podía ser perfectamente el actual Presidente del Gobierno.

 

“La defensa de la vida, de la libertad y de la dignidad –escribe Pilar Ruiz- es más importante que el poder o que el interés del Partido Socialista. Sabes muy bien que mi hijo pensaba exactamente así. Y desde luego la defensa de nuestra dignidad como personas en las políticas antiterroristas es más importante que el mantenimiento de los actuales aliados del PSOE, te lo digo tal y como lo pienso”.

 

En otro párrafo de su estremecedora carta, la madre de Joseba Pagazaurtundua dice que “con Zapatero hablé el 13 de diciembre de 2003. Ahora estamos en el 2005 y todavía tengo voz, y no callaré, pero ahora hay muchos ciegos en España y creo que serán ciegos y mudos ante nosotros. Hay muchos ciegos que serán leales a lo que hagáis, aunque nos traicionéis, porque sólo ven las siglas y éste es el País de Caín y Abel... ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi. ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!”.

 

Personalmente tengo la impresión que testimonios cómo el de Pilar Ruiz o el de otras víctimas del terrorismo no influyen nada en Zapatero, empeñado como está en lo que él llama un “proceso de paz” con ETA, a pesar de que la banda terrorista no ha anunciado ningún cese de su actividad terrorista. Es más, por si hubiera alguna duda, acaba de poner en la madrugada del pasado domingo cuatro bombas en otras tantas empresas de Guipúzcoa.

 

Los que siempre hemos defendido que a las víctimas del terrorismo hay que escucharlas y que deben de tener su protagonismo en lo que puede constituir la estrategia antiterrorista encaminada a derrotar, que no negociar, a ETA, no podemos sentirnos mas identificados con lo manifestado en las últimas fechas por víctimas como Irene Villa, José Alcaraz, Mari Mar Blanco, Mikel Buesa, Maite Pagazaurtundua, Conchita Martín o la propia Pilar Ruiz.

 

Por eso, si el actual Presidente del Gobierno y su partido siguen empeñados en mantener una estrategia de diálogo y negociación con la banda terrorista ETA, estando incluso dispuestos a pagar un precio político por la paz, será el momento para que la sociedad española vuelva a estar, como lo ha hecho en los últimos años en numerosas ocasiones, al lado de las víctimas y defienda su dignidad, su memoria y pida justicia. Es lo mínimo que las víctimas se merecen.

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