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Tribuna libre

Borrules y arbitrajes

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Lo de “borrules” viene a cuento del arbitraje del Real Madrid-Sevilla. Es igual quién fuera el árbitro. Todos los “borrules” son iguales.

Son muchos los aficionados, los comentaristas y los profesionales que hablan del problema arbitral que tiene el fútbol español. Y se habla y se dice de “todo”. Uno cree pura y simplemente que nuestros “borrules” son malos. Malos de solemnidad, malos técnicamente, malos físicamente, malos anímicamente.

Lo de “borrules” viene a cuento del arbitraje del Real Madrid-Sevilla. Es igual quién fuera el árbitro. Todos los “borrules” son iguales. Era uno de los mejores partidos que, en teoría, podían verse en la liga española y el “borrul” de turno no se lo cargó de milagro. ¿O sí?

Dos expulsiones –una por equipo- absurdas y sin sentido. Tarjetas a destiempo e intentando contentar a todos, tiempos de descuento de auténtica risa, pérdidas de tiempo desde el primer minuto, expulsiones de jugadores que están calentando, por dirigirse a uno de sus auxiliares, consultas teatreras a las bandas para acabar viendo lo que nadie ha visto y lo que es peor, poner de los nervios al público local, al público visitante, a jugadores y técnicos.

Una vez más los “borrules” no se enteran de que el fútbol es un espectáculo por el que la gente paga y que ese espectáculo consiste en ver al Sevilla y al Madrid jugándose sus posibilidades ligueras a tope, con todos sus jugadores, jugando 90 minutos y haciendo que el balón corra, no simplemente con la “emoción” de la incógnita de saber qué es lo que va a montar el “borrul” de turno en el próximo minuto.

No se trata –aunque podría tratarse- de designaciones a dedo y más que a dedo “ad hoc”. Tampoco es cuestión de que favorezcan a unos y perjudiquen a otros. Es un asunto de puro sentido común: son malos, malísimos árbitros. Además se escudan o “les escudan” en el silencio. Ni hablan ni se puede hablar sobre ellos, ni siquiera “a ellos”. Cualquier jugador que se dirija al árbitro aunque sea en términos mínimamente correctos puede ser expulsado sin más. El futbolista que ose hacer un gesto por nimio que sea, será castigado, el profesional que pida que una barrera se coloque a la distancia que exige el reglamento, verá una tarjeta... Y así una jornada tras otra, en todos los campos y con todos los equipos.

Se alzan voces pidiendo que nos olvidemos de nuestros “borrules” y vengan a la liga española árbitros de fuera. No es mala la solución, pero... ¿qué hacemos con los “borrules”? ¿dónde los colocamos?