Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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Tribuna libre

Breve manual para esgrimir una cacerola como arma política

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Para que reine la armonía protestataria, se recomienda que siga las instrucciones de este breve manual, explicado en cuatro puntos

Si se considera usted un ciudadano preocupado por la marcha de los recientes sucesos políticos, si sabe distinguir lo importante de lo accesorio, lo decente de lo indecente, lo cabal de lo superchero, y si además tiene buen oído para la música, le animo a acudir a las caceroladas sinfónicas que se han convocado para este sábado, 17 de marzo, coincidentes con el cuarto aniversario de la operación destinada al derrocamiento de Sadam Husein.

No olvide notificar su asistencia en cualquiera de las sedes de cualquiera de los partidos que forman el conglomerado gobernante, donde recibirá una palmadita amistosa en el hombro y la cacerola reglamentaria con su correspondiente cazo, cucharón o espumadera, según la calidad tonal que desee extraer de su instrumento. Para que reine la armonía protestataria, se recomienda que siga las instrucciones de este breve manual.

1. Unas dos horas antes de salir a la calle, realice un ejercicio de introspección para recrear el odio al PP que le impelió a emprender protestas similares hace cuatro años. Aderécelo con imágenes del presente, de la crispación generada por ese partido sin ningún motivo más allá de su cainismo rencoroso y su propensión al golpe de Estado. Piense en los espumarajos de odio que se le quedan a Rajoy prendidos de la barba cada vez que arenga a sus huestes. 

2. Neutralice inmediatamente cualquier tentación perniciosa de comprender la actitud del PP. Deseche al momento el mínimo atisbo de condescendencia a sus argumentos (si asiste a la concentración madrileña, es muy recomendable que evite pasar por la Plaza de la República Dominicana). Deje la mente en blanco, respire hondo, cierre los ojos, cuente hasta quinientos. Que el dinosaurio sigue ahí, pues repite una y otra vez: «Son fascistas, son fascistas», e inmediatamente después: «Paz, paz, paz».

3. Haga oídos sordos a quien pretenda intoxicar la pureza de sus intenciones llamándole demagogo por comparar a las víctimas de ETA con las de Irak o, por qué no, con las republicanas de la guerra civil y el franquismo. Dado que todas las vidas tienen el mismo valor, también hay que extenderse en el espacio y en el tiempo para rememorar aquellas que se perdieron por culpa del PP, como cómplice en el presente o como heredero político. ¿Insurgencia, terrorismo internacional? ¿Transición, concordia? No caiga en la asechanza: «Paz, paz, paz».  

4. Una vez lograda la predisposición correcta, percuta la cacerola con todas las fuerzas que sea usted capaz de allegar. Acompase su pensamiento al del golpeteo, hágase uno con él, ascienda por las esferas de la contemplación como lo hacía Fray Luis al escuchar los deleitables compases de órgano del maestro Salinas. Cuando vuelva a casa no sólo será más sabio, sino que además tendrá la conciencia más limpia. Habrá dado un gran paso por el bien del ser humano. Y la libertad, otro gran paso hacia el telón de foro.