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Burdeos, “la belladurmiente”, patrimonio mundial de la Unesco gracias a los esfuerzos de Alain Juppe, el breve

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A la tercera va la vencida. La ciudad de Burdeos ha sido inscrita, por fin, en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO. Los esfuerzos de Alain Juppé por remozar la cara de esta ciudad portuaria, han valido la pena.

Para Juppé, “el brevísimo”, la noticia ha sido como una especie de pomada que ha aliviado las profundas heridas abiertas por la derrota en las elecciones legislativas, que le han obligado a dimitir del mega-ministerio de Ecología y Medio Ambiente que Nicolas Sarkozy le había diseñado a medida. A punto estuvo también de dejar la alcaldía, pero ha resistido a la tentación.

Desde que comenzó a regir la ciudad de Burdeos en 1995, Alain Juppé se ha dedicado a lavar el rostro ennegrecido de las casas señoriales del XVIII que se ocultaban bajo siglos de suciedad, sin olvidar la introducción de las nuevas tecnologías, como es el tranvía, que ha tenido la ciudad patas arriba durante meses, pero que ahora todos los ciudadanos agradecen.

Lo cierto es que Burdeos, ciudad de todos los comercios, desde el más noble al más indigno, es hoy una magnífica ciudad que ha aprendido a conservar sus tesoros, pero que se resiste a envejecer.

Alain Juppé, que ha recuperado un cierto lirismo después de espetar a unos periodistas que estaba seguro de que les gustaría verle reventar, ha calificado a su ciudad de “Belladurmiente”.

La “dama” obtiene el reconocimiendo de zona clasificada sobre 1.810 hectáreas: con la fachada de los muelles, de Jacques Babriel, arquitecto de Luis XV, su bella Plaza de la Bolsa, o el gran Teatro de estilo neoclásico, construido por orden del Duque de Richelieu. Sin olvidar la catedral de Saint-André y las basílicas de Saint-Seurin y de Saint-Michel, que la UNESCO ya habían inscrito en la lista del patrimonio mundial de los Caminos de Santiago de Compostela en Francia.