Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:21h

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Tribuna libre

Calamaro, el Grande, Calamaro el Gracioso

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Hablar de Andrés Calamaro siempre es meterse en un lío. Porque es de esos tipos a los que sus seguidores idolatran hasta el infinito, haciendo imposible cualquier tipo de mirada crítica. Pero, ¿qué quieren que les diga? El amigo argentino ha metido la pata hasta el fondo, por enésima vez, en una rueda de prensa. El genio que arrasó con Los Rodríguez, hablando de su inminente y breve gira española, ha dicho en las últimas horas nada más y nada menos que lo siguiente: “Voy a tocar en tres países: Cataluña, País Vasco y la República de Madrid”. Es cierto que a Calamaro hay que verle la cara para interpretar sus palabras en su justa medida. Es también cierto, como me confiesan muchos de sus fans, que al gran Andrés hay que contemplarlo con distancia. Centrarse en sus canciones y no tratar de llegar mucho más allá. Pero no es disculpa. Con España inmersa en un interminable y explosivo debate sobre la unidad territorial, con la cuestión de los estatutos y la banda terrorista ETA como extremos del guirigay, no parece que sea un buen momento para frivolizar sobre la cuestión. Ya me explicarán ustedes la necesidad que tenía Calamaro de tomarse a cachondeo el debate de la unidad de España. Parece lógico que a él no le preocupe demasiado lo que suceda con España en los próximos meses, entre otras razones porque su nacionalidad es la argentina. Pero si verdaderamente debemos creerle cuando dice que “España es su segundo hogar” tal vez debería mostrar un poquito más de respeto por los graves problemas que padecemos estos días. Porque en contra de lo que los escépticos puedan pensar, no se trata de un berrinche más entre la clase política, sino que se están desatornillando y reajustando los cimientos de nuestra convivencia. Cosa que, por lo visto, a Calamaro le hace mucha gracia. Lo único positivo de su última intervención ante la prensa es que ha anunciado una gira que hará las delicias de sus fans españoles. Y que traerá lo mejor que tiene: sus canciones. Y en cuanto a lo otro, la historia siempre es la misma: me pasaré media vida llamando a la prudencia a los artistas. Parece que el genio va inseparablemente unido a la inconsciencia. Y parece también que el micro del periodista incita a los ataques de tontería preadolescente. Buena parte de la prensa ha recogido sus declaraciones con cierta pasión. Aún no he leído ni un atisbo de crítica a sus palabras. Una noticia más, tal vez simpática para unos e indiferente para otros. Si acaso habrá levantado algún lamento entre sonrisas paternales: “Ay, ¡este Calamaro!, ¡cómo es...!”. Como siempre se hace en estos casos, me pregunto qué hubiera sucedido si Don Andrés Calamaro hubiera dicho exactamente lo contrario de lo que dijo. ¿Habría subido el diputado Joan Puig -en bañador, por supuesto- al escenario para impedir la actuación de “El Artista” en Cataluña? Pues probablemente sí.

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