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Lo que es del César

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La Comunidad de Madrid debería replantearse con qué criterios reparte la próxima remesa de licencias, qué prima y qué modelo de empresa potencia.

Radio María es una cadena de emisoras nacidas hace aproximadamente veinte años en Italia, desde donde el modelo se ha irradiado ya a más de 20 países, entre ellos España. Este crecimiento está basado exclusivamente en la colaboración de voluntarios y en los donativos de los seguidores de la emisora. El carácter amateur de Radio María se advierte inmediatamente en cuanto sintonizas, si lo consigues, sus emisiones. No sólo porque algunas de las conexiones –por ejemplo, las realizadas para el rezo del Rosario—ponen en antena a pequeños grupos reunidos en torno a un micro en lejanas sacristías de aldeas y ciudades dispersas por toda la geografía nacional, sino también porque en la priorización del gasto, el equipo rector de la cadena parece haber primado siempre la difusión, el número de postes emisores, la extensión del mensaje, por encima de la calidad y la profesionalización de los recursos de producción radiofónica.

Porque si hay algo claro en Radio María es precisamente su vocación evangelizadora, caracterizada por una clara urgencia temporal en cuanto a la necesidad de llegar a más puntos, a más personas, a más localidades. En España, las emisiones de Radio María dieron comienzo en Madrid en enero de 1999 y en la actualidad se extienden ya a más de 130 puntos del territorio nacional, además de contar con una emisión por satélite.

A diferencia de su homónima polaca, con la que no sólo no tiene nada que ver sino de la que además se distancia explícitamente en cuanto tienen ocasión sus promotores de manifestarlo; y a diferencia también de la COPE, modelo con el que sería arriesgado y posiblemente injusto pretender compararla, Radio María es una cadena que sólo habla de Dios y de la fe, en sintonía absoluta con el Magisterio de la Iglesia Católica. De nada más. Y encima lo hace, como decía más arriba, de manera algo elemental, simple, utilizando las ondas en muchos programas únicamente como amplificador de actividades catequéticas y litúrgicas. Es imposible, por tanto, que pueda interesar o gustar a quienes no tienen activado el gen religioso en su interior, que únicamente percibirán de la cadena su envoltorio, poco brillante. Y es posible que tampoco interese a quienes, declarándose o sintiéndose católicos, creen que tienen suficiente con lo que les alimenta desde otras fuentes o bien no pueden evitar una cierta mirada despectiva hacia el ropaje escaso con que se viste la palabra que les llega desde las ondas de Radio María. Pero hay algunos miles de oyentes, imposible calcular la base real, que siguen las emisiones de la cadena o conectan esporádicamente con ella y que constituyen una verdadera comunidad virtual, quizás la mayor asociada a un medio de comunicación actualmente en España.

Radio María está pendiente ahora de la adjudicación de una licencia de FM por parte de la Comunidad de Madrid para continuar con la actividad de su emisora principal. Sus promotores han entregado casi 900.000 firmas a Esperanza Aguirre para respaldar la solicitud, que compite con otros 77 licitadores, entre ellos el Arzobispado de Madrid y la Cadena COPE.

En este aspecto de las firmas y el respaldo de la comunidad que han creado, Radio María es un medio comunitario y a la vez una sociedad sin ánimo de lucro. En definitiva, cuenta con respaldo social explícito, desempeña una función para un colectivo amplio y definido, no es comercial y es plenamente transparente en sus actuaciones, configuración societaria y presupuestos. La Comunidad de Madrid debería replantearse con qué criterios reparte la próxima remesa de licencias. Porque es hora, ya, de habilitar espacios reales para los medios que persiguen otros objetivos que los exclusivamente mercantiles o de influencia política.