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Tribuna libre

Chirac, la decrepitud de un personaje que se espera algo más sublime

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Han bastado poco más de tres días para que desaparezcan de las librerías los 50.000 ejemplares de la última biografía sobre Jacques Chirac, “La Tragédie du Président”. Los editores sabían que tenían un sabroso documento entre las manos, pero no esperaban que los franceses estuvieran tan ávidos de información sobre su presidente.

Franz-Olivier Giesbert , autor de la obra, no se pone guantes para tratar al personaje. Chirac encarna, según él, el declive francés y la impotencia de sus poderes públicos. Durante veinte años, el actual director del semanario Le Point, ha tomado nota de las confidencias que le han ido haciendo “off de record” Jacques Chirac y tantos otros políticos de su entorno. Y son esos comentarios los que ahora ha decidido hacer públicos rompiendo el compromiso de reserva y poniendo al descubierto veinte años de ambiciones, golpes bajos y cinismo. Chirac es definido como un hombre de izquierdas que encarna la derecha. Durante años ha ocultado sus inclinaciones tercermundialistas y su alergia americana, pero desde que ocupa la presidencia se deja llevar. Es un fénix que para renacer necesita sangre nueva, por eso nunca conserva a sus amigos, les pide que se hagan el hara-kiri para dar paso a otros. Algunas anécdotas son bien simpáticas. Como cuando Chirac, algo piripi, brindó en el Kremlin ante Boris Yeltsin por el honor de la URSS desaparecida unos años antes; o cuando en un viaje insistió en prestar al entonces ministro de Economía Dominique Strauss-Khan una de sus camisetas Damart porque éste tenía frío. Otras, las menos, son tiernas, como el cuidado que puso de tener al tanto a Mitterrand de el encargo que le había hecho al dejar el palacio del Elíseo de cuidar las crías de unos patos que eran atacadas por las ocas de los Campos Elíseos. Los capítulos finales son sin piedad. Entre los tandem Chirac-Villepin, Chirac-Sarkozy, Sarkozy-Villepin casi todos los golpes bajos están permitidos. El diario Le Monde se ha tomado la molestia de elaborar un “insultómetro”. Un juego elaborado con las “amabilidades” extraídas del libro y que consiste en identificar la persona que las ha pronunciado y de quién las ha dicho. “La Tragédie du Président” deja un regusto amargo. El deseo de que el retrato sea sesgado, de que el hombre descrito tenga algo más de sublime.

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