Miércoles 07/12/2016. Actualizado 09:19h

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Tribuna libre

Claudicación e indignidad

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Desde hace muchos años, además de la intolerable existencia de ETA, los españoles tenemos que soportar que miles de personas salgan a la calle con regularidad para jalear a asesinos ante la permisividad, condescendencia e incluso simpatía de los separatistas de todo pelaje y la resignación del resto de la sociedad. Nos encontramos ante dos gravísimas aberraciones, por una parte que existan esas decenas de miles de personas que comprenden, justifican, amparan y arropan el terrorismo y por otra que el resto de la sociedad lo asuma y en cierto modo acepte como inevitable. Al contemplar las imágenes de la manifestación del pasado sábado en Bilbao lo normal debería ser sentirse escandalizado y preguntarse que factores han actuado en esas mentes fanáticas para que primen su ideología separatista sobre el principal derecho del ser humano que es el de la vida. Las fuerzas políticas y los organismos que tienen capacidad de influir deberían plantearse como principal prioridad recuperar al sentido común a esos individuos entregados al fanatismo para los que los “derechos de los pueblos” están por encima de los de las personas y si eso no fuera posible —cosa muy probable dado su grado de exacerbación- al menos denunciarlos y condenarlos con absoluta contundencia, ponerles en evidencia y no permitir que se manifieste impunemente ningún tipo de apoyo hacia los terroristas por las calles de nuestras ciudades. Me asombra la condescendencia de algunos medios de comunicación, ¡que dirían si se convocase una manifestación a favor de los asesinos de la mendiga del cajero automático o de los maltratadores de las mujeres! Es trascendental e inexcusable educar a las nuevas generaciones —muy especialmente en el País Vasco- en el respeto a la vida y a la libertad, e impedir que los niños sean manipulados e ideologizados desde su más tierna infancia para después convertirse en monstruos que piden derechos para los presos —léase asesinos- olvidando a sus víctimas. Para lograrlo es imprescindible privar al separatismo vasco del férreo control sobre la educación que ejercen en esa comunidad autónoma y que desde el Gobierno de la Nación se fomenten e impulsen todas las iniciativas dirigidas a estigmatizar cualquier ideología que justifique o aliente el terrorismo. Es necesario llevar a cabo una labor pedagógica de largo alcance para que aquellos que apoyan el terrorismo no se atrevan a decirlo en alta voz porque los gobernantes y los ciudadanos reaccionen con un rechazo frontal y absoluto. Son ellos los que se tienen que esconder y sentir avergonzados, no las personas civilizadas y de bien, que respetan y comparten los valores democráticos bajo los que supuestamente se rige nuestro país. Desgraciadamente, los indicios que tenemos apuntan en otra dirección. Nuestro Presidente ha iniciado el camino de la claudicación: ¿paz? por presos. La distensión que propugna el PNV, alborozado ante el inesperado impulso que le proporciona el PSOE, no es más que indignidad, humillación y derrota del Estado. Demos a los terroristas y a los separatistas —tanto monta- lo que piden y así se terminará el problema. ¿Es posible que este sea el burdo argumento del Presidente del Gobierno de España? Es terrible que los nacionalistas hayan conseguido que nuestro Gobierno este iniciando el proceso de legitimación de los criminales de ETA y la claudicación del Estado ante unos matones sustentados por sus hermanos en ideología.