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Clausewitz y los megavatios

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El presidente de Iberdrola está buscando certezas donde sólo puede haber buenas palabras y, como mucho, compromisos pasajeros

Objeto de todas las apetencias, Iberdrola intenta afianzar su accionariado sobre la base de las cajas de ahorros, especialmente las representativas de las zonas geográficas en las que bien tiene plantas de producción, bien presta sus servicios.

Ignacio Sánchez Galán ha intensificado en las últimas semanas los encuentros con estas entidades y también con los tutores políticos de las mismas. En mi opinión, el presidente de Iberdrola busca certezas donde sólo puede haber buenas palabras y, como mucho, compromisos pasajeros.

El mundo de las cajas es complejo y con frecuencia contradictorio. Como entidades financieras sujetas a diversos controles, son una referencia de un mercado competitivo y solvente, en su inmensa mayoría. Sin embargo, sometidas como están al poderoso influjo político, sus alianzas no pueden calificarse de fiables y estables más allá, en casi todos los casos, del límite de una legislatura autonómica.

Apoyarse en las cajas para mantener el control a medio plazo de Iberdrola puede ser una ingenuidad por parte de Sánchez Galán. Las adhesiones que ha recibido ad personam son una piuma al vento. Al viento político, se entiende. ¿Por qué van a ser más fieles a Sánchez Galán que a un Florentino Pérez, tan florentino él? ¿Acaso vamos a dudar de las capacidades políticas del presidente de ACS, curtido en mil batallas políticas?

Creo que Sánchez Galán juega con fuego si toda su estrategia de defensa se monta sobre la fidelidad de las cajas de ahorros en su accionariado. A estas alturas, en las que sólo la inmediatez de las elecciones generales ha hecho el papel de general invierno, no van a ser los presidentes de la constelación de cajas ni los presidentes de las comunidades autónomas que ahora manden en ellas los que estén en condiciones de hacer frente a un Ministerio de Industria, a una Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, a una Comisión Nacional de la Energía en trance de consolidación gubernamental en su seno y a unos compromisos contraídos, y celosamente ocultos, por el actual presidente del Gobierno.

Esto vuelve a ser la guerra, por otros medios.