Jueves 08/12/2016. Actualizado 20:22h

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Tribuna libre

Confusión, mentiras, medias verdades y desmentidos que no llagan en un río político cada vez más revuelto

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Si hay una palabra que pueda definir la semana política es, sin la menor duda, confusión. El problema es saber quién o quienes alimentan de intento ese confusionismo que –con toda seguridad- estará dando buenos dividendos a algunos.

Unos acusan, otros niegan, las sesiones parlamentarias de los miércoles son el cuento de nunca acabar y cualquier ciudadano que se acercara, de buena fe y sin prejuicios partidistas, al diario de sesiones del Congreso de los Diputados quedaría, cuando menos, desconcertado.   Las acusaciones que caen sobre el PSOE en relación a negociaciones -ya antiguas- con la ETA y la sospecha vehemente de que hay concesiones ya establecidas y que encajan con las realidades que se viven cada día, son demasiado graves como para que los dirigentes socialistas no salgan con desmentidos categóricos o cuenten la verdad a los españoles.   Ese es precisamente uno de los flancos más débiles del partido en el poder. Cuando los socialistas acusan a la oposición del Partido Popular de dar más credibilidad a la ETA que al Gobierno, se equivocan en la dirección del disparo. No es que en España se crea más a la ETA que al Gobierno, es que hay muchos millones de españoles que no creen absolutamente nada de lo que el Gobierno pueda decirles.   Credulidades aparte, la confusión está servida. Y la sirven cada día algunos jueces y fiscales, ministros, y policías.   La buena fama y la honra, cuando se pierden son algo muy difícil –por no decir imposible- de recuperar. El Gobierno y el Partido Socialista tienen poca credibilidad de cara a la opinión pública y eso se refleja, indefectiblemente, en la vida política.   Han pasado demasiadas cosas y ha habido demasiadas mentiras como para que ahora los políticos socialistas se quejen de credibilidades ajenas.   Todo se confunde en una amalgama de políticas incoherentes.   El Presidente Maragall convoca elecciones por sorpresa, en una fecha inusitada y todo lo que se le ocurre a Convergencia y Unió es hablar de “maragalladas”. ¿Es que los ciudadanos de Cataluña no merecen algo más de transparencia?   Maragall dicen que va por libre y que le hace un corte de mangas a Montilla, ¿es verdad? ¿Dicen algo en Ferraz? ¿No merecen un poco más de respeto los militantes del Partido Socialista de Cataluña?   La confusión llega al País Vasco y llega desde Garaque publica informaciones que a Otegi no le constan, pero que suponen un torpedo en la línea de flotación del Gobierno y del supuesto proceso de paz. Pero nadie sabe cuál es la verdad.   El sumario de los atentados de Madrid, se cierra pero hay flecos que, más que deshilachados, son piezas enteras de tela y los ciudadanos no sabemos quién dice la verdad, suponiendo que alguien la diga.   En Andalucía reaparecen los subsidios familiares y al apellido Guerra, le sustituye el apellido Chaves, pero los andaluces no saben la verdad.   La política española es brumosa. Es como si en vez de en Madrid, Andalucía o Cataluña, se hiciera en Londres en medio de la niebla más espesa.   Así es difícil que los ciudadanos se tomen en serio a sus representantes y lo más que pueden hacer los votantes es cabrearse ante la noticia de las pensiones que se han adjudicado sus señorías.   De momento las prebendas de los diputados es lo único claro y transparente que nuestra clase política transmite a los españoles. Y es poco.