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Tribuna libre

Consumatum est: Ya estamos en octavos de final y Zapatero concluye, de momento, la Operación Cataluña

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Todo se ha consumado –al menos de momento- con éxito y esperamos que sea para bien. Los chicos de Luis Aragonés ya están en octavos de final en el Mundial de Alemania y España vibra de emoción con Raúl recuperado, Torres reencontrado y Cesc hallado. Goleada de Zapatero en Cataluña.

Y Cuatro triunfa en la Plaza de Colón en rojo y gualda bajo la sombra de la gran bandera de Álvarez del Manzano. Todo muy poético, y que dure, porque en cuanto la selección vuelva, los españoles nos vamos a encontrar con la cruda realidad de un curso político que ni siquiera en verano va a poder tomarse vacaciones.   Realidad que pasa por el silencio de Rodríguez Zapatero, que se defiende como gato panzarriba  y se dejará cortar una mano antes de decir a los ciudadanos si se comprometió o no se comprometió con ETA.   La banda terrorista sigue hablando sin el menor recato de compromisos. Pero como López Garrido, el flamante portavoz parlamentario del PSOE, ha creado la doctrina de que en democracia es prácticamente obligatorio creer al Gobierno y depositar en el Ejecutivo toda la confianza y, además, dice que lo importante de ETA es lo que hace y no lo que dice –más doctrina-, pues aquí estamos todos pendientes de los goles de España, que no es lo mismo que estar “al loro” de los goles que meten al Gobierno de España.   Donde no se comen una rosca los terroristas es en Francia, y eso que Rubalcaba no pone la mejor de sus sonrisas y no se le ve muy proclive a mandar bombones a la jueza Le Vert, que se ha empeñado en aguar la fiesta. Y es que como Zidane no está bien y Trezeguet apenas juega, con algo tienen que consolarse los franceses.   Así pues no sabemos nada de promesas ni de compromisos ni si los goles entran por la escuadra o por debajo de las piernas, pero lo que sí es seguro –de momento, siempre de momento- es la goleada de Rodríguez Zapatero en Cataluña.   Mejor imposible para el Presidente que, como buen culé, debería haber recibido a Maragall no en la Moncloa sino en la fuente de Canaletas. De una tacada se ha quitado de en medio a Maragall –de momento, siempre de momento-, ha cumplido con Artur Mas en no crearle muchos problemas para ocupar el puesto de molt Honorable, ha reventado un grano molesto y oposo en el Gobierno nombrando a Montilla jefe de la oposición en el Parlamento de Cataluña, y ha dicho a los cuatro vientos que el que manda en el Parido Socialista es él. Ya sólo queda remodelar el Gobierno y asistir en La Zarzuela a la jura de Duran i Lleida como Ministro del Reino de España.   Mientras, Mariano Rajoy, ganando partido tras partido los miércoles en el Congreso de los Diputados. Lo que pasa es que los miércoles son los partidos amistosos y ahí no se juegan los tres puntos porque cuando hay puntos en juego, los populares ni empatan.   Dicen que se ha revivido el espíritu de Érmua, pero la realidad es que ese espíritu ha quedado reducido a la rabia de una madre y de una hermana –rabia que es la de todos los españoles bien nacidos- que con la valentía que a muchos políticos les falta se enfrentaron a quienes –presuntamente, por supuesto- asesinarona Miguel Ángel Blanco.   El espíritu de Érmua fue otra cosa, sobre todo porque había una idea común entre todas las fuerzas políticas para acabar con el terrorismo, y a esa idea contribuyeron de forma decisiva los ciudadanos. Ahora, esos mismos ciudadanos asisten atónitos a una negociación que no existe, para que un Gobierno no llegue a compromisos con los terroristas.   Pero todo está previsto. Ya se ha proclamado el año de la memoria histórica que consiste, fundamentalmente, en expulsar a la Virgen del Pilar de la Guardia Civil, quitar la estatua de Franco de la Academia de Zaragoza –eso que no se le ha ocurrido a la efigie del general brindar por la unidad de España- y fotografiar a Llamazares con gorro frigio y envuelto en la bandera tricolor.   Y luego hay quien dice que Rodríguez Zapatero es el gran improvisador, cuando lo tiene todo atado y bien atado, gracias a la política del como sea.