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Cortocircuito

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Iberdrola se ha convertido en rompeolas de ambiciones. Sánchez Galán se encuentra casi como su poco amigo Pizarro; Florentino Pérez puede hacer de Entrecanales y EDF de Enel.

Si algún sector económico ha sido intervenido, manejado y manipulado ha sido el sector eléctrico, en su conjunto y en todas y cada una de las empresas. A lomos de su condición de estratégico, no ha habido gobierno que no haya puesto sus garras (o sus pezuñas) sobre él. Y siempre sobre la provisionalidad, las salidas al paso y la falta de iniciativas consistentes y duraderas. Hablar del mapa eléctrico, un lugar común, es un sarcasmo, porque nos referimos a la mutación permanente. Y así sigue.

Cada Gobierno en su turno ha pretendido remodelar a su leal saber y entender la estructura del sector. Se dirigieron desde la administración intercambios de activos, luego fusiones y adquisiciones; se privatizaron las empresas públicas…y siguieron las intervenciones arbitristas promoviendo acuerdos subterráneos, imponiendo ruinosos modelos tarifarios, institucionalizando organismos de control inoperantes cuando no subordinados. Lo peor de todo ello es que los enjuagues del poder se han hecho invocando la liberalización del sector.

Si algún ingenuo creyó que la salida por la tangente (y nuevamente improvisada) de la crisis creada en Endesa dejaba dibujado el manido mapa eléctrico, ya puede ir desdiciéndose, aunque los periódicos son tozudos en recordarnos bobadas pronunciadas enfáticamente en el pasado.

Iberdrola se ha convertido en rompeolas de ambiciones. Sánchez Galán se encuentra casi como su poco amigo Pizarro; Florentino Pérez puede hacer de Entrecanales y EDF de Enel. Lo único verdaderamente inmutable es el inefable ministro de Industria, quien, como caído del cielo ante los nuevos acontecimientos, ha dicho dos cosas memorables. Que está interesado “en reducir la implantación de empresas extranjeras al mínimo imprescindible”, aleluya que en Bruselas ha dejado sin chorrito y boquiabierto al Manneken Pis, y, sobre todo, que defenderá los intereses de España “como se ha hecho en las últimas ocasiones”. Ante esta segunda sentencia, en Iberdrola lo deben tener claro: encarguen las tarjetas de visita en francés. Ganen tiempo.  

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