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Tribuna libre

Cuba. Pronóstico político para mañana y pasado mañana

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Reflexiones en torno a qué le puede a suceder a Cuba tras la salida definitiva de Fidel Castro: Habrá cambios, pero a ritmo muy lento.

Toda previsión política se parece al pronóstico meteorológico o al de terremotos: siempre es más fácil prever qué va a pasar dentro de un par de años que decir qué sucederá mañana por la mañana. Por ello, cuanto viene más abajo no pretende ser absolutamente exacto, por supuesto.

Acabo de visitar La Habana, donde escuché montones de vaticinios, cada uno de los cuales era a su modo factible y al propio tiempo falible. Es revelador que sólo uno de mis interlocutores haya afirmado que en Cuba no va a suceder nada sustancial con la partida de Fidel. “Raúl ya tiene puestos a sus muchachos del Ejército en todas partes, incluidos los despachos clave de la economía. O sea que todo va a realizarse con beata quietud” me dijo, bromeando.

Claro que de estas palabras se puede sacar una conclusión diametralmente opuesta pues, según otro pronosticador, “esos muchachos de Raúl, al haber conseguido sinecuras en diversas corporaciones en las que están presentes el capital y el management extranjeros, no tardaron en comprender qué es bueno y qué malo para ellos, lo que los ha corrompido bastante. Por lo cual, potencialmente pueden actuar no como un sostén del viejo régimen sino como una quinta columna de EEUU, que en un futuro le sería de mucha más utilidad a la Casa Blanca que a los chillones emigrados cubanos de Miami”. No tuve nada que oponer ni al primero ni al segundo. Al fin y al cabo, no soy más que un foráneo, y ellos viven en La Habana.

En cuanto al grado de certeza, yo distribuiría los pronósticos que escuché del modo siguiente. Es evidente que habrá cambios en Cuba. No menos evidente es que su realización será precedida por una etapa de transición, relacionada, muy probablemente, con Raúl, un hombre ya mayor y enfermo, y no goza de tan amplio apoyo como Fidel. Durante mis numerosas conversaciones con taxistas cubanos, la mayoría de los cuales son ex militares y casi todos “fidelistas”, no encontré a ninguno que se refiriese con palabras calurosas a Raúl, su ex comandante y Ministro de Defensa. Por todo ello, supongo que el periodo de transición puede ser no muy largo, y desde luego desarrollarse lejos de esa “beata quietud”. No están excluidas sorpresas desagradables para Raúl.

Y por último, siguiendo la línea de lo “evidente”, es fácil adivinar que el destino de Cuba lo van a determinar las personas que hoy día ocupan segundas, terceras y hasta cuartas posiciones en la jerarquía política y militar. Serán ellas las que tendrán que responder a los principales retos del momento, de EEUU y de su propio pueblo.

Los retos del momento son comprensibles para la mayoría de los cubanos, personas inteligentes, enérgicas y emprendedoras. Primero, muchas de ellas tienen inclinaciones empresariales, lo viene a confirmar el ejemplo de los emigrados. La mayoría alcanzó la costa estadounidense llevando puesto sólo un pantalón y, actualmente, a diferencia de otros muchos emigrados latinoamericanos, forman parte de la clase media de EEUU. También hay cubanos entre los ministros y en el Congreso estadounidenses. Segundo, los isleños tienen en su mayoría un buen nivel educacional, que es un regalo que les hizo Fidel, y les distingue mucho de las masas latinoamericanas. En la época de Fidel, a los niños les podían faltar dulces, pero los manuales y libros se les ofrecían en abundancia.

Son obvios los retos que parten de Washington. Si dejamos de un lado las retóricas hueras, queda, lamentablemente, el deseo elemental de hacer que Cuba vuelva a su estado anterior de satélite de EEUU. La diferencia consiste sólo en lo siguiente: antes Cuba era para los estadounidenses una maravillosa playa, más todo aquello que, en opinión de ellos, debe acompañar el veraneo (prostitución, casas de juego, hoteles de lujo y cabarets), pero ahora ha surgido también otro interés, el níquel de Cuba y sus sustanciales reservas de petróleo, que fueron exploradas no hace mucho y se encuentran no muy lejos de Florida. Puesto que sin níquel no se puede fabricar armas modernas, y sin gasolina no se mueven los automóviles, juguetes predilectos de los estadounidenses, son estímulos complementarios para seguir inmiscuyéndose con tenacidad en los asuntos cubanos.

Como resultado de ello, si existe algo capaz de cimentar la nación cubana hoy día, es el antiamericanismo, que se ve estimulado por todos los modos imaginables «gracias» a la irracional política que aplica Washington. Según dijo irónicamente uno de mis interlocutores, un opositor, “si los norteamericanos fuesen inteligentes, hace mucho ya habrían estrangulado con abrazos a los cubanos. Pero ellos prefieren demostrarle su hostilidad a La Habana. Creo que Fidel debería estarles profundamente agradecido por ello. Es una tontería que ya dura decenios, y lo han hecho tanto los republicanos como los demócratas”.

A la élite política cubana de la época de transición le será mucho más difícil contestar a los retos de su propio pueblo, de los que los principales son la pobreza y la falta de libertades democráticas. Entre ambos problemas existe vinculación, desde luego. El sueño de algunos de los altos funcionarios cubanos de inventar una variante “china”, o sea, el de dejar intacto el sistema político, pero abrir el mercado, es pura ilusión. Las tradiciones y el temperamento nacional son distintos, la situación geopolítica diferente y hay otros muchos factores que no permitirán repetir la experiencia china en el suelo cubano.

Para los futuros jefes cubanos el dilema consistirá en que, por una parte, ellos no podrán librarse de la pobreza masiva sin aceptar la existencia de un mercado de verdad y la iniciativa privada (pues hasta el momento ningún programa nacional de ayuda al pueblo llevó ni puede llevar al cumplimiento de esta tarea, sólo les permite sobrevivir). Pero por la otra, la apertura del mercado y la libertad económica, dado el carácter nacional cubano, que definí más arriba, simplemente van a echar por tierra, dentro de un tiempo, el viejo sistema político.

Según dije en otro artículo, Fidel cumplió sólo una parte de la tarea planteada por su padre ideológico, el “apóstol” José Martí: logró conquistar una auténtica soberanía para Cuba, pero no pudo construir una auténtica democracia. Me refiero a sus atributos más elementales: elecciones libres, libertad de palabra y de prensa, y sistema pluripartidista. La tarea de los patriotas cubanos consiste, a mi modo de ver, en cumplir cabalmente lo planteado por Martí. El pueblo cubano merece respeto y confianza hacia la opción que va a tomar. Pero para que pueda optar de veras libremente, el actual sistema político del país debe ser desterrado.

Tampoco se puede excluir la variante pesimista del desarrollo de los acontecimientos. Uno de los analistas con los que hablé sobre el futuro de Cuba dijo que todo país, pese a los virajes que da de tiempo en tiempo durante su Historia, a fin de cuentas vuelve al camino que le estuvo predestinado o por Dios o por los factores geopolíticos. También Cuba, desde su punto de vista, tras pasar por la industrialización, el socialismo, etc., volverá, aunque en la nueva espiral de su evolución, a lo ya pasado. Él tenía en cuenta la variante de “economía playera” y la dependencia con respecto al vecino septentrional. A decir verdad, a mi interlocutor no le alegraba tal variante, pero él la consideraba inevitable.

Se trata nada más que de una opinión subjetiva. Además, ¿por qué Cuba debe desaprovechar las ventajas naturales, casi paradisíacas, que le donó el Señor? El turismo como importante componente de la economía cubana no debe estar acompañado obligatoriamente de los vicios que existieron en Cuba antes de la revolución.

Pero los riesgos se mantienen. No es fácil excluirlos. El turismo cubano ya no se reduce al goce de la playa solamente. Muchos me hablaron del llamado turismo sexual practicado, por ejemplo, por grupos italianos. En particular, el sacerdote de una iglesia de La Habana me dijo con amargura: “Usted ni imaginarse puede cómo ultraja eso los sentimientos de los cubanos sencillos. La causa fundamental de la propagación de la prostitución en Cuba en los últimos tiempos es la pobreza. No tiene nada de extraño el que una camarera, al encontrar empleo en uno de los mejores hoteles de La Habana, se sienta feliz, aunque cobra allí 10 dólares al mes, pues con ello obtiene a la posibilidad de tener «ingresos adicionales», al tratar con extranjeros. Pero más tarde esa felicidad redunda en lágrimas, y ella viene a verme. Desde luego, se debe poner fin a la humillación de los seres humanos con la pobreza. Pero ninguna «cesta social», de la que gustan hablar tanto las autoridades locales, es capaz de solucionar este problema”. La prostitución no es el problema de Cuba solamente, por supuesto, pero no por ello deja de ser actual aquello que me dijo el padre.

Al final de mi escrito quiero presentar ciertas conclusiones. Primero, el comienzo del período de transición en Cuba ya no es una perspectiva muy lejana. Segundo, el futuro económico del país no será el socialismo, sino una normal economía de mercado, más el Estado de orientación social. Tercero, el sistema político de la futura Cuba será la democracia. La idea nacional ya la formuló José Martí: el antiimperialismo, la defensa de la soberanía cubana, la erradicación de la pobreza y la edificación de un sistema democrático no de palabra, sino de verdad, un sistema que respete a su propio pueblo.

Si se plantea la tarea de evolucionar de modo pacífico desde el viejo sistema hacia el nuevo, Cuba deberá excluir categóricamente dos cosas, en mi opinión: la terapia de choque según recetas económicas liberales y la injerencia extranjera. Tanto lo primero como lo segundo provocaría una brusca reacción por parte de la mayoría de los cubanos, quienes están acostumbrados a tener una economía de orientación social y a sentir el antiamericanismo.

Los aliados más cercanos de la Cuba de mañana serán, en primer lugar, los países latinoamericanos que ya están siguiendo —o pronto van a seguir– el camino trazado por Bolívar y Martí. En esta lista, en el momento presente, figuran Brasil, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Son países capitalistas, con economía de mercado, Estado de orientación social y democracia en período de transición. Mañana la lista puede cambiar, ampliarse o reducirse, pero en ella Cuba tiene un lugar reservado.

Todas las transformaciones a gran escala, tanto en la política como en la economía, resultan dolorosas. Si a los cubanos los dejan en paz y les permiten resolver ellos mismos sus problemas, entonces podrán aguantar las sobrecargas, y la propia transición de lo viejo a lo nuevo no llevará mucho tiempo, pues Cuba no es China, ni Rusia.

Pero si no lo hacen y Washington intenta implantar en la isla aquello que no les conviene en absoluto a los cubanos, entonces el proceso transcurrirá con complicaciones y hasta de modo dramático. Dios no lo quiera.