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Tribuna libre

Cuba, ¿hacia una reestructuración agraria?

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Si en algún tema existe un amplio consenso en Cuba, es el referente a la necesidad de una urgente reestructuración agraria, que saque al país de la peligrosa crisis alimentaria en que se encuentra.

Desde el Presidente Raúl Castro y otros altos dirigentes, hasta el más simple ciudadano están conscientes de que resulta indispensable un cambio radical en la agricultura. Hoy Cuba importa el 84,0% de los alimentos que se consumen, mientras que la mayoría de las tierras cultivables están ociosas o subutilizadas en grado máximo. Una situación muy peligrosa cuando en el mundo parecen haber terminado los tiempos de alimentos baratos por el incremento del consumo en populosas regiones y naciones, China e India entre otras, y seductores requerimientos para la producción de bio-combustibles, a lo cual se suma una imparable escalada de los precios de los combustibles con una incidencia negativa sobre los costos de producción, transporte y distribución de los alimentos, sin soslayar los perjudiciales efectos que están teniendo sobre la agricultura los cambios climáticos actuantes.

En este preocupante escenario resultan alentadores los anuncios de que se iniciarán reformas mediante la entrega de tierras y recursos a quienes deseen cultivarlas, así como la descentralización de las instituciones encargadas de dirigir la agricultura mediante la creación de entidades municipales más cercanas a los productores. Sin embargo, todavía no se conoce en detalle como se realizará la apertura, ni las formas como se entregarán las parcelas, aunque se avizora la probable entrega en usufructo. Variante que en una primera etapa sería aceptable, si se garantizara la permanencia en la tierra a los nuevos agricultores y la cesión a sus descendientes, así como sí las áreas otorgadas pudieran cultivarse y comerciarse las cosechas en un ambiente de libertad.

Tampoco se ha informado la cantidad de tierra que será entregada a cada persona. Existe el riesgo de que sean cantidades insuficientes que no permitan la debida rotación de los cultivos y la aplicación de la técnica a una escala rentable, lo cual crearía una fragmentación minifundista lesiva al futuro agrícola.

En un país regido estrictamente por un único partido político, está presente el peligro de que en las entregas de tierra prevalezcan criterios clientelitas e ideológicos en vez de la búsqueda de personas emprendedoras, decididas a producir alimentos en forma racional, eficiente y sustentable. Adicionalmente, en la distribución de las áreas habrá que cuidar la incidencia de otros males como el "sociolismo" y la corrupción, fenómenos que de implantarse darían lugar a camarillas en modo alguno beneficiosas para el futuro de la agricultura.

También se ha hablado sobre medidas para mejorar la comercialización de los productos del campo, pero sin especificar como serán aplicadas. Hoy un alto porcentaje de los productos agrícolas se pierde en los campos cubanos por no ser recogidos a tiempo, y muchos acopiados se deterioran en el trayecto al consumidor. En el mejor de los casos llegan con mala calidad y hasta son rechazados por los compradores, incluidos destinos turísticos.

En cuanto a las grandes áreas de tierras ociosas o mal utilizadas, existen organizaciones como las Uniones Básicas de Producción Cooperativas (UBPC) que nacieron con ¨problemas genéticos¨, según señalara un economista cubano, ya que se establecieron sin tener en cuenta las opiniones de sus supuestos creadores y miembros. Alrededor de estas 1500 falsas cooperativas creadas arbitrariamente el 20 de septiembre de 1993, poseen 2 489 200 hectáreas, de las cuales la quinta parte está ociosa y el 31,0% son pastos naturales en muy mal estado. Los rendimientos agropecuarios obtenidos en sus cosechas son sumamente bajos, salvo excepciones, muy por debajo de los logrados por agricultores privados, a pesar de contar con más recursos. Todo esto provoca que el 60,0%, aproximadamente, de las UBPC se hayan mantenido con altas pérdidas económicas desde su fundación, requiriendo constantemente asignaciones financieras del Presupuesto – casi siempre irrecuperables- para continuar una ineficaz gestión nociva a los intereses económicos de la nación.

Cuando se habla de repartir las tierras entre quienes deseen cultivarlas, las UBPC son fuente de tierras para distribuir, incluyendo la posibilidad de que algunas áreas puedan ofrecerse a la inversión foránea. Recientemente, la Ministra de Inversiones Extranjeras y Colaboración Económica, Marta Lomas, afirmó que el gobierno estudia ampliar las inversiones extranjeras en la agricultura y desmantelar las cooperativas campesinas ¨totalmente ineficientes¨ como parte de las medidas para aumentar la producción de alimentos. Añadió que ¨estamos actualmente estudiando algunas propuestas de negocios en la agricultura.¨ Esta noticia es positiva, pues Cuba también necesita capital, mercados y tecnología para modernizar el sector agropecuario. En particular la obtención de tecnología avanzada es muy importante, y debería priorizarse durante las negociaciones.

Habría también que movilizar fuentes internas de recursos financieros, mediante la creación de esquemas ágiles, como organizaciones bancarias especializadas en el sector agropecuario, donde el estado podría participar activamente con sus fondos, para ofrecer préstamos y otros servicios de forma competitiva a los hombres de campo.

Objetivamente, no existe contradicción entre crear una sólida base de productores nacionales de alimentos y la inversión extranjera. Por el contrario, la participación foránea en nuestros campos, correctamente seleccionada y sobre la base del respeto a nuestros intereses, podría incidir en el incremento de la eficiencia y la productividad en la producción de caña de azúcar, arroz, hortalizas, viandas, frutales, granos en general, leguminosas, plantas oleaginosas, leche y carne. Incluso el procesamiento de la caña de azúcar podría incluir la producción de etanol que, como ha demostrado Brasil, es compatible con la elaboración de azúcar y de otros derivados del procesamiento de esa formidable gramínea.

Tampoco debe excluirse la inversión extranjera en la comercialización de los productos agropecuarios, junto a las empresas del gobierno y la iniciativa privada nacional. Compañías en el mundo poseen cadenas de producción, que incluyen el procesamiento industrial y la comercialización de alimentos desde la semilla hasta el consumo, organizadas verticalmente. Son ejemplos de rentabilidad y de excelentes artículos en sus ofertas. Cuba no tiene suficiente capital, tecnología ni mercado, por lo cual deberá recurrir sin absurdos prejuicios a racionales dosis de participación extranjera sobre bases justas. Asimismo, siempre que sea posible, deben promoverse vínculos directos entre los productores agropecuarios y los grandes consumidores, como pueden ser las cadenas turísticas nacionales y extranjeras, evitándose de esa forma intermediarios innecesarios que aumentan los costos y demoran la entrega de los productos, con efectos nocivos sobre la calidad de la oferta al consumidor.

La reestructuración agraria requiere urgente aplicación. Condiciones para triunfar existen: tierras ociosas y personas capacitadas. Únicamente debe abandonarse obsoletas concepciones y establecer un ambiente promotor del trabajo y la creatividad de los cubanos.