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Demi Moore

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La actriz norteamericana Demi Moore ha vuelto a España para presentar una línea de cerámicas. Esto sucede tan sólo pocos semanas después de haber sido la imagen del famoso anuncio navideño de una conocida marca de cava. Si en el anuncio de Freixenet compartía protagonismo con el actor español Gabino Diego (algo así como mezclar el tocino con la velocidad), el jueves pasado Moore estuvo sola ante los fotógrafos y la prensa para presentar una línea de cerámicas de Saloni. La actriz, de 42 años y casada con el también actor Ashton Kutcher, se está convirtiendo últimamente en la sal de todos los platos publicitarios. Si no recuerdo mal, El Corte Inglés es otra de las marcas que han usado la imagen de la actriz. No voy a entrar a debatir sobre los cánones de belleza. Tan sólo me gustaría hacer una reflexión sobre esta especie de fiebre de recurrir cada dos por tres a famosas/os como protagonistas estelares de algunas campañas. Algunas veces es un recurso necesario, pero la mayor parte denota una falta de ideas muy notable. Es fácil -para algunas marcas- tirar de chequera para fichar galácticas/os. Esto ya ocurre en el fútbol con resultados no del todo halagüeños. ¿Por qué? Por que lo que la gente quiere ver en los spots a personas normales. Se han cansado de tanto estereotipo vacío. Quieren que les hable gente como ellas/os. No quieren ni famosas, ni famosetes. Bastante tienen ya que soportar con los realitys. Seguro que Demi Moore estará muy contenta (sus millones se embolsará) con esta especie de incontenible locura “española” por hacerse con su imagen. Será guapa, pero ¿es creíble? Esta es la cuestión. Lo otro, “alimento” para la prensa rosa. Pues eso.

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