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Demócratas como Eduardo Madina

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El diputado del PSOE que llamó “cura franquista” a Acebes vuelve a la carga: “Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien y me reía tanto”

Eduardo Madina Muñoz es diputado por Vizcaya en el Congreso de los Diputados. Es vocal de la Comisión de Asuntos Exteriores, víctima del terrorismo, usuario de Internet con blog personal al que se puede enlazar desde la página oficial de la Cámara Baja, y uno de esos jóvenes transgresores que habitan el territorio comanche de la izquierda intolerante.   El martes pasado, se descolgó en su página personal con un encendido “post” sobre el dirigente “popular” Ángel Acebes, que venía precedido, por cierto, de dos encendidas glosas anticatólicas en las que no se salvaba ni Benedicto XVI. A raíz de una fotografía sobre su visita a Auschwitz, decía Madina: “Miren qué guapo el Papa (…) Si algo queda claro en todo esto es cómo son los ‘managers’, sólo piensan en el negocio”.   En su escrito sobre el secretario general del PP, Madina se refería a Ángel Acebes utilizando expresiones como “guiñol”, “cura franquista cargado de odio y rencor”, o “con predisposición permanente al vómito, característica de los demócratas de centro reformista”. Su imagen le permitía también al diputado socialista realizar varias descripciones. Reproduzco sólo dos fragmentos:   -“Si se fijan bien, da la sensación de que incluso un hilillo de mala baba cae por la boca en la línea recta que marca la corbata hasta desaparecer detrás de la atril. Cae y cae hasta perderse, suponemos, por las alcantarillas de Génova. Es como si la gaviota del pp, ya manchada en su ala derecha, estuviera huyendo despavorida de la baba de vinagre que se desprende de Acebes”.   -“Es la desembocadura del odio, de la agresividad y la manipulación, un afluente contaminado del río Le Pen. Son los dientes manchados de FAES y de impotencia. Es el grito de guerra de los guerrilleros de Cristo Rey. Podrían ser los dientes del "se sienten coño" y del "estesen tranquilos" pero no se dejen engañar por la estética de la foto, el frontis y todo eso, son tan sólo los dientes de Acebes”.   Ahora resulta que Eduardo Madina está escandalizado. Acaba de colgar un nuevo comentario en su blog en el que asegura sentirse perplejo: “Ni que decir tiene que el post sobre el gran Acebes era, sencillamente, un comentario en el que no hay ni un sólo insulto (…) Lo único que escribí fue una descripción de una fotografía en evidente clave de humor”. ¿Ni un solo insulto? ¿Humor? ¿Qué clave? ¿Qué humor?   Madina asegura haber recibido 700 mensajes, envíos que le han hecho sentirse tremendamente turbado, dice, porque la mayoría de las apostillas de los internautas eran –ahora sí- injurias: “asesino, hijo de p…, cómplice de ETA, cómplice del 11-M, amigo de Otegi... eran las principales aportaciones”, informa. Hay gente que le recomienda un psicólogo mientras le dice que lo mejor hubiera sido exterminarle a él junto a toda su familia.   “Gente que me pregunta cómo puedo insultar así a Acebes, mientras me dedica varios insultos del tipo hijo de la grandísima p… Gente que dice que soy un asesino de ETA y termina su comentario pidiéndome que acuda a la manifestación de este sábado -ven si tienes huevos, Madina-. Gente que me llama homosexual o transexual (como si esto fuera un insulto), gente que cree insultarme comparándome con Zerolo (como si esto no fuera un honor para mí), gente que se dice demócrata y que pide la desaparición del PSOE”.   Termina Madina: “A todos ellos gracias por demostrarnos vuestra democracia y vuestra forma de comprender la libertad de expresión. Ha sido maravilloso sí. Una experiencia única y probablemente irrepetible, sencillamente impagable. Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien y que no me reía tanto”.   ¿Y qué le hará tanta gracia al señor Madina? ¿Cómo logra sentirse a gusto rodeado de personajes de semejante calaña? ¿Estarán cortados todos por el mismo patrón? ¿Su placer derivará entonces de esa especial sintonía que se presupone en las almas gemelas? Quizá no haya que extrañarse tanto de la capacidad de convocatoria de Madina.   Lo grave del caso es que estamos hablando de un diputado de las Cortes españolas, de un representante de los ciudadanos. Uno quiere pensar que el señor Madina no representa siquiera a los militantes socialistas, que probablemente sean mucho más tolerantes que él. Por eso es tan lamentable lo sucedido, fiel reflejo de lo escasamente preparado que está el protagonista para el puesto que ocupa.   Todavía hay quien se sorprende hoy de esos sondeos de opinión que ponen, negro sobre blanco, el desencanto, la indiferencia o directamente el rechazo que los españoles sienten hacia nuestra clase política. Un desinterés que en ocasiones ralla el desprecio. Visto lo visto, no es para menos.