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Desconcierto

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El atentado de la ETA en Francia ha servido para sembrar el desconcierto entre los políticos y sus respectivos partidos. La época no es buena en plena campaña electoral.

Quienes 24 horas antes ponían el terrorismo en la mesa y en los atriles de los mítines, y además lo hacían de formas muy distintas, se unen ahora con carácter de urgencia para dar una imagen de cohesión frente a los asesinos.

Quienes repudiaban las manifestaciones de hace escasas horas se unen de forma incondicional, para expresar en la calle su repulsa a las acciones terroristas.

Quienes se negaron hace muy pocas fechas a revocar la autorización parlamentaria para que el Gobierno negocie con la ETA sacan a colación la posibilidad de ilegalizar partidos que se sitúan en el entorno etarra.

Quienes se mostraban hace unos días contrarios a la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero se encuentran con la espada de la opinión pública y con su propia pared de la clara y rotunda repulsa al terrorismo.

Quienes desde el nacionalismo vasco jugaban a la tibieza antiterrorista acuden a Francia a visitar a las víctimas y a sus familias.

El atentado de la ETA en Francia ha servido para sembrar el desconcierto entre los políticos y sus respectivos partidos. La época no es buena ya que en plena campaña –o precampaña- electoral la capacidad de maniobra de quienes marcan las estrategias se reduce enormemente porque cada decisión que toman, cada gesto, cada palabra, están cuantificados en votos.

José Luis Rodríguez Zapatero, víctima de sus propios errores, salía por la puerta falsa de la sede de la Guardia Civil tras el funeral por Raúl Centeno. En el mismo patio en el que se encontraba de cuerpo presente el cadáver, el presidente del Gobierno escuchaba insultos subidos de tono por parte de personas muy allegadas al instituto armado.

Rajoy, cogido en la trampa de apoyar incondicionalmente al Gobierno o quedar como insolidario ante la opinión pública, se encuentra con la negativa del Foro de Ermua y de la AVT a asistir a la manifestación que se organiza como repulsa al atentado y, además, tiene que dar su apoyo aunque no se haya ilegalizado aún ANV ni se haya revocado la autorización para negociar con los terroristas.

El mismo Josu Jon Imaz –ya sin cargo en el PNV- acude al hospital francés a presentar sus condolencias a las familias de las víctimas.

Sólo la ETA, por debilitada que esté, parece a salvo del desconcierto que reina en la política española. Sólo la ETA sabe lo que quiere y lo que busca. El resto suena demasiado a fuegos de artificio y no es difícil pronosticar que, pasadas las primeras horas tras el atentado, se volverá al cauce de la confrontación, política antiterrorista incluida.