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Desorientación y torpeza

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La respuesta dada hasta la fecha por el Presidente del Gobierno y por su partido a la aprobación del Plan Ibarretxe en el Parlamento Vasco el pasado 30 de diciembre, es como para echarse a temblar. Si se está de acuerdo en que el plan secesionista del lehendakari, aprobado gracias a tres votos de ETA-Batasuna, es el mayor desafío que ha sufrido la democracia española desde la transición política, después del intento de golpe de Estado del 23-F, habrá que colegir que la respuesta dada es claramente insuficiente. ¿Qué es lo que han percibido los ciudadanos en estos días? En primer lugar, que el Presidente del Gobierno, desde la aprobación del Plan, tarda exactamente cuatro largos días en decir “esta boca es mía”. Y cuando la abrió fue para manifestar obviedades del tipo, “el Plan es inconstitucional y así se lo diré al lehendakari cuando le reciba en la Moncloa”. La cuestión no es esa y Zapatero lo sabe perfectamente. Lo que la gente se pregunta es como va el Gobierno a impedir que el Plan avance, porque Ibarretxe se ha hartado de decir, en público y en privado, que haya o no acuerdo con el Gobierno Central sobre su Plan; lo rechace o no el Congreso de los Diputados, él va a convocar un referéndum en el País Vasco. ¿Cómo va a evitar en ese supuesto el Gobierno de España una consulta claramente ilegal? Esa pregunta que nos hacemos muchos, el Presidente del Gobierno no ha tenido a bien contestarla. Pero es más. Zapatero, los ministros que han hablado sobre esta cuestión, los portavoces socialistas -el inefable Pepiño Blanco, Rubalcaba, López Garrido-, han querido rebajar la importancia de la cuestión, han acusado al PP y a algunos medios de comunicación de dramatizar la situación y han pedido calma, sosiego y confianza en el Estado de Derecho. ¿Por qué nos toman por tontos a los españoles? ¿Se creen que tenemos tan poca capacidad de análisis y de crítica como para no darnos cuenta que el problema lo tienen ellos y no los sufridos ciudadanos? ¿Cómo es posible que sigan pidiendo confianza en el Estado de Derecho, cuando hemos asistido atónitos a que el Presidente de una Cámara Legislativa, la Vasca, se niega a cumplir una sentencia del Tribunal Supremo que ordena la disolución del grupo parlamentario de Batasuna, y no pasa nada? ¿Cómo va a transmitir, en esta situación, confianza un Presidente de Gobierno para el que el concepto de “nación” no está claro y le da lo mismo emplear ese término o el de “nacionalidad”? ¿Cómo pretende Zapatero que la gente se fíe de él, cuando es Presidente de Gobierno gracias entre otros a los votos de Esquerra Republicana de Cataluña, que pactó con ETA en Perpignan, que le ha faltado tiempo para salir a defender el Plan Ibarretxe y a amenazar, a chantajear una vez mas a ZP, diciéndole que le retirará su apoyo parlamentario si no “negocia” el Plan con el lehendakari? ¿Pero qué pretende el inquilino de la Moncloa? No conviene engañarse. Para resolver un problema, lo primero que hay que hacer es acertar en el diagnóstico e inmediatamente aplicar el tratamiento adecuado. Ni lo uno ni lo otro lo garantiza el actual Presidente del Gobierno. Pensaba que los nacionalistas vascos no se iban a atrever a dar ese paso, y lo han dado. Además, quince días antes de la aprobación del Plan Ibarretxe, los socialistas vascos aprobaron también su Plan que no es más que una respuesta acomplejada, equívoca —el concepto “comunidad nacional” que figura en ella tiene además reminiscencias franquistas- que queda en el más absoluto de los ridículos al aprobarse el Plan del lehendakari. Zapateropiensa que puede parar el Plan Ibarretxe ganando las elecciones vascas previstas en la próxima primavera. Asusta este profundo desconocimiento que tiene el actual Presidente del Gobierno y su equipo de colaboradores de la realidad vasca. Lo normal, lo lógico, es que en esas elecciones, la coalición nacionalista PNV-EA, tenga unos resultados muy próximos a la mayoría absoluta si no es que consiguen esta, mucho más cuando Batasuna, -esperemos y confiemos que no haya ninguna “tentación” de revisar su situación ilegal-, no podrá presentarse. Pero es que, por muy buen resultado que tuviera el PSE, siempre necesitaría para formar gobierno del apoyo, o bien del PP, o del PNV-EA. Y vista la desafección que los socialistas sienten por el principal partido de la oposición, está claro que lo que buscan es reeditar un acuerdo con el PNV. ¿Pero con el PNV del Plan Ibarretxe? Es tanta la desorientación, la falta de principios, de convicciones que se percibe en la postura del PSOE, que es, como decía al principio, para echarse a temblar. De momento, el “rey del talante” recibirá el jueves al lehendakari en la Moncloa antes que al líder de la oposición. Toda una muestra de sentido de Estado.