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Tribuna libre

Don Diego Vasallo

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Aunque uno tiene la intención de seguir la pista al conjunto de la actualidad musical a veces se pierden discos o canciones. La producción musical española es muy amplia y circula a gran velocidad. Lo que conocemos o escuchamos en las emisoras es sólo una mínima parte de todo lo que se graba en España. Por eso muchas veces, nos perdemos grandes canciones sin saberlo. Además de los grupos ruidosos que llegan, suenan por todas partes, giran, venden y desaparecen hasta el próximo disco, existe otra clase de artistas que van a su ritmo. Estos artistas desaparecen largas temporadas y de pronto, asoman por debajo de las faldas de alguna pequeña discográfica, con aparente timidez y ofrecen sus canciones sin apenas dejarse ver por los grandes medios. No porque no puedan, sino porque no les importa demasiado las cifras de ventas. Escriben, componen y cantan de corazón a corazón, sin necesidad prioritaria de hacer caja. Y Diego es todo un maestro en eso. Hace algunos días tuve la oportunidad de escuchar uno de esos discos suyos que salió al mercado tres o cuatro años atrás. Por algún motivo que no recuerdo, en su momento, no le pude prestar suficiente atención. Y como suele pasarme con Diego, me sorprendió. Su voz templada o la imprecisión en la palabra, que provoca ese efecto difuminado que le gusta dar a sus letras. El murmullo musical que acompaña sus canciones y ese eterno recurso a la comparación imposible entre conceptos y sentimientos que maneja con maestría. Diego hace que el mundo se pare a cada canción. Y siempre es otoño cuando suenan sus discos. Diego fue Duncan Dhu y Cabaret Pop. Diego hoy es Diego Vasallo a secas. Diego el que canta, el que compone, el que toca, el que escribe, el que pinta y el que expone. El artista. Desaparece durante meses y se pierde en su otra pasión artística, la pintura. Y de pronto aparece con un silencioso disco, probablemente acompañado por un librito de poesías y dibujos. Como hizo con ‘Canciones de amor desafinado’. Que aún habiendo salido al mercado con cierto sigilo, es toda una obra de arte que se mantiene intacta ante el paso del tiempo. El año que viene Duncan Dhu cumple —o cumpliría- veinte años. Mikel Erentxun, la otra mitad de Duncan Dhu, ha asegurado su intención de hacer algo especial —sin matizar- para celebrar el aniversario del grupo que le llevó a la popularidad. Sin embargo, a pesar de que quien mas vende y más éxitos está cosechando con su actual carrera en solitario es el propio Mikel, es Diego quien tiene la última palabra para que podamos ver de nuevo juntos a Duncan Dhu. Ambos saben que un regreso de Duncan Dhu sumaría los incondicionales de siempre con el torrente de nuevos seguidores jóvenes que ha logrado Mikel con sus últimos discos en solitario. Sin embargo, Diego, va a su ritmo y se toma con calma esa decisión mientras disfruta con sus creaciones artísticas de carácter más bien minoritario. Todo esto engrandece aún más su figura. Ser fan de Diego Vasallo es como poseer un tesoro. Su actitud y su obra lo convierten en la mejor definición de artista posible. Dicho sea sin desmerecer en ningún caso la extraordinaria carrera de Mikel Erentxun. Esperemos que finalmente en este 2005 podamos ver juntos a Duncan Dhu. Aunque sea en un único concierto. Y que dentro de algunos meses tanto Diego con su difícil y valiosa poesía cantada, como Mikel con sus sólidas y atractivas canciones vuelvan a regalarnos su talento. Cada uno a su manera.