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Tribuna libre

La ETA, además, mata

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Una vez más, un asesinato de la ETA nos ha dado la ocasión de calibrar la talla moral y política de Juan José Ibarretxe.

Con el cuerpo, aún caliente, del guardia civil Juan Manuel Piñuel, asesinado por la ETA en la localidad alavesa de Legutiano, el lehendakari Ibarretxe volvió a destapar el frasco de sus esencias y se descolgó con el discurso de siempre: la ETA es la gran enemiga de la libertad y de la independencia del País Vasco, la ETA dificulta cualquier tipo de solución e impide que los vascos puedan decidir su futuro, la ETA es la culpable de que los españoles y España no entiendan el proceso que los vascos quieren llevar a cabo para su definición como nación independiente y… además,  ETA mata.

No se puede llegar más lejos en lo que a vileza política -¿sólo política?- se refiere. La conclusión a la que el máximo responsable político de Euskadi llega después de más de veinte años de su partido en el poder es que el problema de la ETA son los problemas, valga la redundancia, que crea para que los vascos logren independizarse de España. El pequeño detalle de que en el camino ‘además mate’ es eso, un pequeño detalle.

La semana se ha entristecido y hemos asistido al coro de los políticos condenando el atentado, a las declaraciones de los miembros del Gobierno, con el presidente a la cabeza, recitando las mismas cantinelas de siempre. Alguien ha dicho que sacan el discurso y sólo cambian el nombre del asesinado. Muy triste.

Para lo que sí ha servido la salvajada de Legutiano ha sido para que los mismos que, en plena campaña electoral afirmaban sin ruborizarse que la ETA estaba derrotada, afirmen ahora, también sin que les tiemble la voz, que hay que luchar contra los terroristas.

Ya nos vamos acostumbrando a lo que los políticos dicen en campaña. Lo exponía con su cínica sinceridad Tierno Galván cuando hablaba de las mentiras y de las promesas electorales. Por ejemplo, Pedro Solbes ahora que ya va hablando en cristiano para definir lo que está ocurriendo en la economía, tiene la desfachatez de poner fechas a las distintas soluciones de la situación  ¿Pero es que alguien va a dar crédito a los plazos que pone el vicepresidente económico para que vayan paliándose los problemas de nuestros bolsillos? ¿Es que alguien que lea los periódicos de hace solamente un par de meses se va a creer, para bien o para mal, algo de lo que en materia económica diga Solbes? ¿Es que alguien se puede tragar sapos como el globo sonda de que la electricidad va a subir un 20% para dejarlo luego en un 11% y que todos nos quedemos tan satisfechos de la gestión del ministro Miguel Sebastián? Todo muy burdo y muy zafio.

Nubes, de visión nebulosa, las que hay en el Partido Popular del País Vasco. María San Gil ha titado los pies por alto y le ha creado un nuevo problema a Rajoy. Se dice en Génova que en el momento en el que el presidente del partido designó a la San Gil como redactora de la ponencia política para el congreso de Valencia, el conflicto estaba servido.

Una vez más, Rajoy ha demostrado que no es un buen gestor de crisis. Claro que tampoco María San Gil ha estado acertada de cara a la opinión pública, ni mucho menos ante los componentes del Partido Popular en Euskadi. Los primeros silencios y las opacas declaraciones posteriores sobre la pérdida de confianza en Rajoy, para recuperar la cual hasta pone plazos, no son una buena carta de presentación para alguien que quiere demostrar independencia y fidelidad a sus principios y a su trayectoria profesional. De principios y de fidelidades a sí misma y a su partido puede presumir como nadie María San Gil. Pero en algo se ha equivocado. No al tomar una decisión grave, sino al explicar esa decisión a los españoles y, sobre todo, a sus compañeros de partido.

Tercia Jaime Mayor Oreja y habla de problemas de personas más que de ideas, con lo que la madeja se enreda tanto que Rajoy se refugia, según dicen, en Alberto Ruíz Gallardón, mientras Esperanza Aguirre se frota las manos. No tanto como José Blanco, pero se le nota a la presidenta de Madrid la cara de satisfacción, y no precisamente por las fiestas de San Isidro.

Se cierra la semana con tristeza. La tristeza de una viuda y de un niño de seis años que han perdido a su marido y a su padre porque, ya lo ha dicho Juan José Ibarretxe, la ETA además, mata.

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