Lunes 05/12/2016. Actualizado 14:44h

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Tribuna libre

Elegir la corbata

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Se vota con la cabeza, se vota con el corazón, se vota con el bolsillo y hasta se vota con el estómago. Pero ahora también se vota con los ojos.

Se vota con la cabeza, se vota con el corazón, se vota con el bolsillo y hasta se vota con el estómago. Ahora también se vota con los ojos, es decir, se vota por lo que se ha percibido con la vista en los debates televisivos. Es triste pero a ese nivel estamos.

El voto va a depender de la soltura ante las cámaras, del color con el que se haya teñido la barba o el pelo del candidato, del movimiento de las manos, de la colocación de las piernas, del traje y hasta del dibujo de la corbata.

Ya se han anunciado los debates en plena campaña electoral y, a juzgar por el entusiasmo con el que algunos han enfatizado el acuerdo al que han llegado los responsables de las campañas del Partido Popular y del Partido Socialista, parece como si los encuentros de los candidatos en un plató de televisión fueran a nuestras libertades algo parecido a los logros democráticos de la Constitución de Cádiz.

Ya se apresuran los expertos en imagen a estudiar los decorados, la iluminación, la disposición de los atriles o la colocación de los sillones. Habrá reuniones sesudas en las que se decidirá el color del traje, el dibujo de la camisa y la disposición de las rayas de la corbata. El candidato ensayará gestos, entrenará sonrisas y corregirá posturas frente a un tribunal de entendidos en mensajes subliminales y en política gestual.

Y eso será todo, porque los contenidos ya nos los sabemos y, además, son lo de menos.

 Pocos españoles, por no decir ninguno, esperan a decidir su voto tras haber sopesado los contenidos de los debates. Pocos ciudadanos, por no decir ninguno, van a elegir la papeleta en función de las políticas fiscales, de familia, de vivienda, de enseñanza, internacional o antiterrorista que expongan, como objetivo de su gobierno, los candidatos.

Tras los debates los comentaristas políticos se apresurarán, en tertulias y artículos, a dar el resultado como si de una competición deportiva se tratase: ‘ha ganado fulano’, ‘ha perdido mengano’, ‘no ha habido un ganador claro’.

Y es que lo único que habrá quedado claro, será la intención de voto provocada por el color de la corbata.