Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:21h

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Tribuna libre

Eminem o Miliki

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Lo del Rap es algo personal. En lo estético lo veo desaconsejable y en lo musical me resulta inexplicable. Respetable, por supuesto. En nuestra cultura no está del todo bien visto que unos chicos se vistan con ropa gigante y se dediquen a pegar suaves botes por las calles mientras sueltan discursos sociales incomprensibles, acompañados de una radio a la que también tambalean de forma cansina.

 

Siempre haciendo movimientos reiterativos con los dedos de la mano colocados de una extraña forma. Siempre con gesto torcido y vago, como diciendo: “me importa un pimiento vuestro mundo, vuestra sociedad y vuestros problemas”. Eso sí, toda consigna debe acabar rimando. Eso es el rap. Resumiendo mucho, claro.

 

Hay otras estéticas que me han llegado a caer simpáticas, pero la moda rapera siempre me ha parecido desagradable. Influye en este pensamiento esos aires de sucios, cabreados y pasotas que se dan siempre los raperos. Marcan la indisciplina con un golpe lateral a la gorra o comprándose pantalones que le quedarían enormes a un hipopótamo adulto. Un calzado siempre deportivo y que multiplique por cinco el grosor de los pies –mejor aún si es negro con cordones naranjas y va acompañado de lucecitas chispeantes- termina de retratarlos.

 

Sentados con sus patines y sus historias en cualquier plaza, con quince años. Así los vemos hoy, al menos, en España. Los más cultos creen que Eminem es un impostor y un idiota y escuchan a los ‘raperos clásicos’. Los más ignorantes pasan horas frente al espejo intentando imitar esa cara de asco que sólo Eminem sabe poner en sus actuaciones.

 

Dejando al margen la estética rapera en general que me resulta completamente indiferente, me gustaría centrarme en Eminem y sus últimas aventuras. El rapero se ríe de Madona en su nuevo video y se mete con Michael Jackson en el primer single. En ambos casos lo hace con bastante mal gusto. Además, ahora, ha creado su propio partido político. En esto último supongo que el gusto será ya pésimo.

 

Semejante ataque de divismo no es justificable en ningún caso. Su entorno del mundillo discográfico, sólo ha sabido sacar lo peor de él. Permitiéndole publicar múltiples canciones intransigentes y ofensivas como ‘97 Bonnie and Clyde’ en la que el rapero mezcla la voz de su hija Hailie con versos en los que habla de asesinar a la madre de esta. Es uno de tantos gestos, que incomprensiblemente, una parte de la sociedad americana y española ven enormemente graciosos. Pero que no tienen ninguna gracia.

 

Se ha creado un monstruo famoso por estar siempre rodeado de polémica. Mucho ha crecido el monstruo, nacido en el 73, para permitirse tomar el pelo a Madona y Michael Jackson. Aunque ninguno de los dos sean un ejemplo en casi nada, se trata de dos indudables mitos en la historia de la música. No por sus abundantes estridencias públicas, sino fundamentalmente por sus canciones y por sus discos vendidos.

 

No sé cómo sentará a la crítica musical americana los delirios de grandeza de Eminem, que comparado con Jackson o con Madona es una minúscula piedrecita en el amplio camino del pop y el rock internacional. Una minúscula piedrecita que pega botes de indignación con su calzado deportivo enorme, su movimiento compulsivo de hombro y dedo acusador y sus pantalones eternamente caídos.

 

Lo del partido político ya ni lo comento, lo dejo a juicio del lector. Eminem está allí arriba, en su particular pedestal, y no baja porque quien gana dinero a su costa no quiere que baje. Y porque en España y en EEUU, por ejemplo, sigue vendiendo un pila de discos. Sobre todo entre los adolescentes, claro. Entre otras cosas porque, como canta en inglés, los padres de sus fans españoles no tienen ni idea de lo que dice en sus canciones. Lo de siempre. Y seguirá subiendo, contestando tonterías en las entrevistas, riéndose de medio mundo en sus videoclips y lanzando con frecuencia consignas altamente perjudiciales para la salud mental de cualquier sociedad civilizada.

 

Como a todos los raperos, le atrae especialmente el insulto de “payaso”. Lo emplea en algunas canciones y entrevistas para descalificar a la clase política o a un determinado personaje. Y pensando en los payasos he llegado a la conclusión de que Eminem podría triunfar en España haciendo una gira con Miliki. El fenómeno de Eminem o es un enorme negocio o es una gran broma de mal gusto. Y el humor es buena cura para los delirios de grandeza. Y más si son delirios raperos.

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