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Europa hoy: cuestión de confianza

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El callejón de los problemas económicos tiene salida, siempre y cuando la gestión sea creíble

Comenta un viejo economista de Ferraz que el problema que tenemos los españoles en Europa no es la crisis económica, sino lo mal que se está gestionando por parte del Gobierno de España.

No se trata de tener problemas, por ejemplo con la deuda, sino que lo que está pasando es que tenemos problemas en cómo se usa o se ha usado esa deuda. En el mundo financiero no hay problema de préstamos, la cuestión es una cuestión de confianza en el cómo, la forma y la manera de aprovechar esos recursos que nos llegan y que tan mal estamos utilizando.

Dice el mismo viejo economista que estamos en un callejón sin salida, precisamente por la falta de una gestión mínimamente aceptable. El callejón de los problemas económicos tiene salida, siempre y cuando la gestión sea creíble, pero ante los bandazos y las improvisaciones ‘necias’ de un Gobierno ‘necio’ –González dixit- es muy difícil que salgamos de la encrucijada que cada vez se cierra más.

Un día son los recortes de los que no sabemos ni el cómo ni el por qué. Otro momento es el de la subida de impuestos, unas veces a los ricos, otra a las empresas y en realidad a todos. Pasado mañana se tratará de un ‘decretazo’ infumable y al siguiente otro decretazo para una pretendida reforma laboral que a nadie va a convencer.

La conclusión –y no es un juego de palabras- es que la confianza pasa por la cuestión de confianza. O lo que es lo mismo que el callejón sin salida se llama José Luís Rodríguez Zapatero y que, con él en La Moncloa, Europa no va a hacer el menor esfuerzo por confiar en nosotros.

Hace mal el Gobierno en justificarse en la crisis mundial o en refugiarse en las ‘edurnespasabanes’ de turno, para apretar los dientes, mirar a la cima y seguir andando sin rumbo. Todo lo que está pasando demuestra que cualquiera es un mal poeta pero que cualquiera no puede ser, ni siquiera, un mal gobernante.

Hasta para ser un mal gobernante hay que despertar un mínimo de confianza y el presidente del Gobierno de España, sobre ser mal gobernante, no tiene a nadie que confíe en él. Ni siquiera los viejos economistas de Ferraz.

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