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El PNV no ha tenido el coraje moral, la valentía cívica y la decencia democrática de desmarcarse absolutamente de quienes practicaban la violencia.

La sociedad vasca padece una grave enfermedad moral fruto de tantos años de violencia y de un clima social y político donde no existe la libertad, al menos, para todos los ciudadanos vascos. De esa enfermedad unos son más responsables que otros y, además, no hay unos únicos responsables.

ETA y el mundo sociológico que rodea a la banda terrorista son los responsables directos de la violencia y del clima de coacción, de miedo y de chantaje que desde hace ya varias décadas envuelve a la sociedad vasca. Pero el nacionalismo gobernante, es decir, fundamentalmente el PNV, también tiene su parte de culpa, y no menor, en todo lo que ha sucedido y sigue sucediendo en Euskadi, porque no ha tenido el coraje moral, la valentía cívica y la decencia democrática de desmarcarse absolutamente de quienes practicaban la violencia.

Por si alguien considerara exagerada esta imputación de responsabilidad al partido que en su día fundó Sabino Arana, bastaría con analizar la reacción que tanto el PNV como el Gobierno Vasco han tenido ante la brutal agresión sufrida hace unos días, a manos de un militante del PNV y a las puertas del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, por Antonio Aguirre, miembro del Foro de Ermua.

Miren Azkárate, portavoz del Gobierno de Ibarretxe, tuvo la desfachatez, la inmoralidad de acusar a los ocho miembros del Foro que habían acudido a la vista que se seguía contra el lehendakari por su reunión con Otegui de haber cometido un delito de “contra manifestación” y de haber provocado a los manifestantes que convocados por el PNV se habían congregado a las puertas del Palacio de Justicia para arropar a Ibarretxe.

Es decir, no solamente la portavoz de un Gobierno que supuestamente debería defender el orden y la ley no condena una agresión sufrida por un ciudadano, sino que encima arroja la culpa de lo sucedido al agredido y a quienes le acompañaban. ¿Cabe mayor perversión?

Pero es que además, al hilo de esa patada en los genitales propiciada por el militante del PNV a Antonio Aguirre concurren otros factores que ayudan a comprender un poco mejor el akelarre que se vive en el País Vasco. Así, por ejemplo, el agresor es entregado a la Ertzantza, que lo deja en libertad sin ni siquiera tomarle la identificación. ¿Habrá tenido algo que ver en esa actitud de la Policía Autónoma Vasca el hecho de que el agresor fuera militante del PNV o de que hubiera trabajado hace años para la Consejería de Interior del Gobierno Vasco controlada por ese mismo partido? Al mismo tiempo, este no toma ninguna medida disciplinar contra su militante. Tampoco condena la agresión hasta pasados cuatro días y con una tímida declaración de su presidente, José Jon Imaz, donde se vuelve a criticar la supuesta actitud provocadora de los miembros del Foro de Ermua.

Con estos hechos, bastaría para concluir que algo muy grave aqueja a la sociedad vasca, Pero falta un elemento más: el partido en el que milita el agredido, el PSE, no ha tenido ni un palabra pública de condena y solidaridad con Antonio Aguirre, ni por supuesto, este ha recibido una sola llamada de alguno de los actuales dirigentes del PSE. Realmente desolador.

Por eso, muchas de las cosas que desde hace años suceden en Euskadi lamentablemente recuerdan de alguna manera a las que se vivieron en la Alemania nazi, donde la inmensa mayoría de los ciudadanos alemanes miraban para otro lado mientras que el régimen de Hitler se dedicaba a la persecución y al exterminio de los judíos. Allí, salvo una pequeña resistencia, nadie reaccionaba ante las atrocidades que se cometían con unos conciudadanos ¿Resulta tan difícil aprender de la historia?

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