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FACE: adelante, hacia el telón de acero

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A decir verdad, la política mundial nunca se ha caracterizado por una buena salud psíquica, pero hoy día se hace obvio que tiene una grave recaída.

A decir verdad, la política mundial nunca se ha caracterizado por una buena salud psíquica, pero hoy día se hace obvio que tiene una grave recaída.

Hace poco el presidente Putin firmó un decreto sobre la suspensión por Rusia de la vigencia del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) y los convenios afines. El FACE y éstos últimos dejarán de regir al cabo de 150 días de haber recibido los países participantes del Tratado la respectiva notificación oficial. A juzgar por todo, ésta ya fue recibida.

Occidente puso cara seria y expresó inmediatamente una profunda decepción por el proceder de Moscú.

Conviene hacer recordar que el Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa fue firmado en 1990, un año antes de la desintegración de la URSS. La variante actualizada (adaptada) del FACE, en que se tomaron en consideración las nuevas realidades, se firmó en 1999 en Estambul. Pero la ratificaron sólo Rusia, Bielorrusia, Kazajstán y Ucrania. Los países bálticos no se unieron el Tratado. Georgia y Moldavia se negaron a ratificarlo, exigiendo la retirada de las tropas rusas según fue convenido en Estambul, paralelamente con la firma del tratado adaptado del FACE.

Precisamente bajo ese pretexto los países de la OTAN bloquean la entrada en vigor del tratado adaptado. Pero es un pretexto que convence poco, dado que las tropas rusas ya fueron retiradas de Georgia, según lo convenido en Estambul, y en Transnistria queda un contingente mínimo, necesario para mantener la paz allí. Occidente por su parte durante decenios hacía cuanto se le antojaba: bombardeaba y desmembraba Yugoslavia, acercó las bases otanianas y estadounidenses a las fronteras de Rusia (aunque en su tiempo prometió no hacerlo), armó a los países del mar Báltico (pues éstos no figuran en el FACE), violó burdamente la Carta de la ONU (Irak), y ahora está dispuesto a emplazar elementos del sistema estadounidense de defensa antimisiles (DAM) delante de las narices de los rusos. No es necesario ser un politólogo para sentir que aquí hay un desequilibrio.

Esta triste conclusión no la hace cambiar ni el parecer de que el FACE siempre ha sido un tratado nulo, aunque en Europa lo denominan gravemente “piedra angular de la seguridad europea”. Serguei Karagánov, subdirector del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, uno de los más prestigiosos expertos rusos versados en temas de Europa, por ejemplo, dice: “Creo que el tratado en cuestión quedará en el basurero de la Historia. Y es allí donde le corresponde estar”.

“Desde ahora vamos a tener manos libres... Nos están mostrando una preocupación hipócrita. Todo el mundo sabe perfectamente que es un tratado carente de todo sentido, que en la década del 90, cuando Rusia era débil, lo utilizaron para imponernos unas condiciones tipo convenios de Estambul, lo que era una mofa”, señala Karagánov.

En teoría, la moratoria de 150 días ofrecida por Moscú les permite a los políticos occidentales revisar la línea que ellos aplican, pero es poco probable que lo hagan, porque en la política también rige la ley de la inercia. Por ello lo más probable es que el mundo, olvidando los sueños del luminoso porvenir, acariciados entre los fuegos artificiales de la celebración del Milenio, se encamine hacia un nuevo telón de acero. Ya está claro que el siglo XXI no ha justificado las esperanzas que se depositaban en él. La generación de los políticos del siglo XXI no se ha hecho más inteligente, no desea considerar los intereses de la contraparte ni es capaz de sacar enseñanzas de los errores del pasado.

¿En que le ayudó a la UE el aumento de euroburócratas que deciden el destino del hombre de a pie? En nada. Ellos no pudieron aprovechar la situación más que favorable de la desintegración de la URSS, no quisieron acercar realmente Moscú hacia sí, romper el telón de acero y construir en su lugar un real puente de confianza. En vez de proceder de tal modo, ellos obsequiaron a los rusos con el fortalecimiento de la OTAN, la aprobación de un FACE no equitativo, el acercamiento del material de guerra hacia las fronteras rusas y la autorización para emplazar elementos del sistema DAM estadounidense en la República Checa y Polonia.

Al dedicarse a ese ajetreo egoísta, Europa no reparó en lo fundamental. Y cuando miró en su derredor más atentamente, descubrió tener delante de ella no una impotente Rusia de la época de Yeltsin, sino una Rusia ambiciosa de Putin, que cobra fuerza. Como resultado de los graves errores estratégicos cometidos, en vez de unas fronteras orientales totalmente seguras, Europa puede volver a tener misiles nucleares, material blindado y artillería pesada rusos.

De otro modo no podía ser. También Moscú tiene pleno derecho para defender su seguridad de un modo que considere idóneo. Y no porque quiera volver a armarse (tiene otros campos en que invertir el dinero), sino porque la señora Condoleezza Rice, el señor Javier Solana y otros hermanos en armas estadounidenses y europeos no le han dejado a Rusia otra salida.

Toda crisis mundial, igual que todo derrumbe, comienza con una primera piedra. Hablando de Europa, existen tres piedras potenciales actualmente: DAM, Kosovo y FACE. Baste con tocar una solamente.

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