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Feliz Navidad’14

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Feliz Navidad a todos, de corazón. Y ojalá todos redescubramos este año, como en cada Navidad, el origen y sentido de estas fiestas.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Quiero  felicitar la Navidad a todos los lectores que me siguen habitualmente o que lo hagan en esta ocasión, por supuesto a quienes discrepan de mis opiniones, pues lo habitual  y enriquecedor es que todos discrepemos en algunos aspectos siempre respecto a otra persona, y no me considero especial.  ¡Qué aburrimiento si todos pensáramos igual! Es más: peligroso quien se crea que siempre tiene razón, o que su análisis es el más certero, porque la visión personal es necesariamente limitada.

            Hay ocasiones en que alguna persona se cree en la verdad y piensa que todos los demás están equivocados. Es como el chiste: la policía da un aviso a los conductores de una autopista de que hay un vehículo que circula en dirección equivocada, y el conductor del mencionado vehículo lo oye y piensa que “no circula un coche en dirección equivocada, sino todos”.

            Feliz Navidad a todos, de corazón. Y ojalá todos redescubramos este año, como en cada Navidad, el origen y sentido de estas fiestas, que es religioso. Los regalos, las celebraciones gastronómicas o  los viajes pueden engarzarse en este sentido religioso, que incluye estar con la familia y pasarlo bien, pero me atrevo a apuntar un aspecto que también debe estar presente, en mi opinión, tanto en estas fiestas como en nuestra vida.

            Me refiero a la solidaridad, llámese como se llame en el lenguaje de cada uno. Pensar en los demás.  Tener presentes las necesidades materiales de muchas personas, y también la necesidad de afecto de otros muchos. Una Navidad insolidaria es, sencillamente, un contrasentido. Hay muchas maneras de vivirla, pues es cuestión personal y de valorar circunstancias de personas que conocemos, o instituciones que colaboran a acercar el calor navideño a hogares sin recursos.

            Otro aspecto de la Navidad me parece que está en su núcleo. Es un recordatorio del valor del bien, de la verdad y de la moral, como cauce para encontrar la paz personal y contribuir a que los demás la encuentren. No es hablar de utopías o angelismos, sino de reconocer de nuevo que el  bien, el sano afecto, el trabajo bien hecho y redescubrir el sentido del servicio a los demás es la contribución que está a nuestro alcance para sanar un poco más los ambientes en que nos desenvolvemos.

 Un trabajo bien hecho que necesita la moral, no sólo la calidad técnica, y en el que deben destacar quienes desempeñan  cargos políticos, empresariales, sindicales o bancarios, porque tienen más responsabilidad y se confía en ellos. ¡Feliz Navidad!

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