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Tribuna libre

El Festival de Turcovisión: no en vano fuimos Otomanos

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Sí, reconozco que ví el Festival de Eurovisión. Podrán llamarme hortera, lo acepto. Sorprendente espectáculo el que montaron los “naranjitos” en Kiev con Yushchenko incluido. Los ucranianos pasaron la primera prueba de fuego previa a la integración en la UE. Ya están institucionalizados los dos pasos anteriores a la firma de la adhesión: participar en Eurovisión y entrar a formar parte de la OTAN, requisito este último no prescrito para países de tradición “no alineada” tipo Austria.

 

Moldavia ya ha participado este año, cualquier día nos sorprenden con una colorida revolución liberal y llaman a la puerta. Sería deseable. A Rusia ya no le quedaría más compañía que la fiel Bielorrusia y los transcaucásicos. Igual para cerrar filas Putin decide crear el Festival de CEIvisión con las Repúblicas Centroasiáticas terminadas en “tan”, la antigua Tartaria ya no sabe si mirar al Este o al Oeste. Sintomático es que este año la rockera rusa -una pelirroja con pinta de pija malota al más puro estilo Avril Lavigne- ha cantado en inglés.

 

Reconozco que disfruté con muchas de las canciones. Atrás quedaron las baladas horteras que tantos “twelve points” consiguieron para Irlanda. El sábado pasado, salvo en el caso de la soprano maltesa, las ridículas españolas y alguna que otra banda rockera trasnochada, el colorido y la danza étnica jalonaron el escenario. Las cítaras, los timbales y los ritmos orientales se impusieron.

 

Yo ya no sabía distinguir cuando actuaba Turquía y cuando no. Si no hubiera sido por estos aires califales me habría resultado imposible mantenerme frente al televisor más de cinco minutos. Sólo por ver el despliegue de tambores, danzas y ropajes mereció la pena. Por cierto, el otro representante musulmán, Bosnia-Herzegovina, se apuntó a lo de “en casa del herrero cuchillo de palo”, y presentó a tres rubias de bote minifalderas que debieron escandalizar a más de un yihadista.

 

Después de ver el espectáculo caí en la cuenta de que si Turquía no es Europa entonces es que Europa es Turquía: no hay que olvidar que Grecia, Rumanía, Albania, Macedonia, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria y Serbia-Montenegro fueron durante siglos Otomanas. El Festival del pasado sábado dio muestra del peso cultural turco en muchos de los países que antes o después se apuntarán a las filas de la UE.

 

No deja de ser igualmente curioso que los cinco grandes menos Italia -según Niza- ocuparon los últimos cuatro puestos. España, Reino Unido, Alemania y Francia no están musicalmente de moda en Europa. Está visto que para triunfar en Turcovisión has tenido que estar previamente bajo yugo otomano o bajo yugo soviético. España sólo recibió “douze points” por parte de la portavoz de la televisión andorrana, que, por cierto, no se sabía si hablaba la lengua del Tripartito o la de Chirac. Pronunció un francés que bien lo podría haber aprendido, la tarde de antes, mediante un curso acelerado de idiomas a distancia.

 

Respecto a la canción ganadora no me pronuncio, simplemente confesar que a la intérprete –Helena- le daría todos los premios que demandase, le pondría Troya a sus pies o la República Turcochipriota si me lo pidiese. Para una chica de ese calibre los doce puntos me parecen pocos.