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Tribuna libre

Filósofos del rock

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Reducir el rock al tópico del “sexo, drogas y rock and roll” es estropear una preciosa parte de historia del pensamiento.

Por padre el rock and roll y por madre los más viejos libros de poesías desgastados por el paso tiempo. Así encontramos, tras el alboroto de las guitarras y las luces ebrias del escenario, a los grandes letristas españoles de todos los tiempos. Quien crea que sólo la canción de autor, o la música ligera han dado lugar a perlas del romanticismo escrito o de la filosofía, se equivoca. El rock, blando o duro, a través de los tiempos, ha salpicado sus discos con joyas de la literatura entre cientos de cánticos en honor a la cerveza.   Algunos pueden suponer que no se oculta nada especial detrás de los textos de Burning. Quienes saltaban como locos con “Esto es un atraco” o “Jim Dinamita” pueden ahora creer, años después, que nunca salieron rimas oportunas de la pluma del fallecido José Casas, más conocido como Pepe Risi. Pero lo cierto es que las letras de Risi pueden disfrutarse sin el acompañamiento musical del rock and roll.   Cualquiera que piensa en Los Ronaldos verá en su discografía canciones vacías como “Adiós papá” o “Por las noches”. Pero nadie se detendrá a navegar entre las aguas casi filosóficas de “Árboles cruzados” o “Qué vamos a hacer”. Al margen del rock, la frivolidad y la diversión, podemos encontrar frecuentemente vida inteligente entre discografías tan amplias.   Algo parecido puede pasarnos con Siniestro Total. Nadie podría ver nada más que unas rimas ingeniosas y una cierta dosis de humor combinado con retranca viguesa en “Bailaré sobre tu tumba” o “¿Qué tal homosexual?”. Sin embargo, obviamos que muchas de las grandes preguntas que el hombre lleva haciéndose desde que Eva mordió la manzana se encuentran plasmadas en una clásico de la banda: “¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?”.   Alguien puede pensar que el cachondeo mental de Julián Hernández y Miguel Costas es todo lo que circulaba por sus cabezas al incluir esa canción en el disco de Siniestro Total “Menos mal que nos queda Portugal”, sin embargo, sea como sea, el sentido de la vida del hombre se oculta tras las preguntas que el grupo lanza en esa exitosa letra.   La metafísica y el existencialismo están muy presentes en algunos autores del rock español de todos los tiempos. En algunos casos, como en los discos de Piratas o Iván Ferreiro, lo palpamos no sólo en las letras, sino también en las atmósferas sonoras que con gran maestría incluyen en cada canción.   Tal vez más cerca del pop, Antonio Vega ha tratado temas de gran profundidad filosófica a lo largo de toda su carrera. Quizá más que todos los anteriores. Quien vincule exclusivamente la aportación literaria de este gran maestro de la música española, a los cuatro versos para quinceañeros de la “Chica de Ayer”, comete un grave error. Antonio Vega es el autor de “Cada uno a su razón”, “Caminos infinitos”, “Esperando nada” y “Una décima de segundo”, todas ellas son grandes aportaciones a la literatura del pensamiento en verso. Canciones que, si tuviera la suerte de dedicarme a la enseñanza de la filosofía, serían materia obligatoria para mis alumnos.   Los artistas y los grupos de rock, forman parte del mundo. Los letristas, habitualmente dotados de una sensibilidad especial, escapan a veces de lo frívolo para desvelar las más profundas dudas de su corazón. Así lo han hecho y lo hacen autores como Sabino Méndez, Quique González, Josele Santiago, José María Granados, Álvaro Urquijo, Enrique Bunbury, Nacho Goberna, Javier Andreu o incluso Carlos Goñi. Y cuentan con canciones sin más aspiración que divertir, emocionar o entretener, al tiempo que nos regalan perlas de gran profundidad que quizá nadie podría, honestamente, pensar que proceden de su pluma.   El propio Antonio Vega explica a la perfección, en su tema “Caminos infinitos”, la profundidad del sentimiento del letrista ante el folio en blanco, cuando empieza el baile de la inspiración: “Recorrió con la mirada / las esquinas del papel / y una puerta dibujada / se abriría para él, / descubriendo al otro lado / y más allá de lo que alcanza a ver / los caminos infinitos / infinitos a sus pies”. Reducir el rock al tópico pasado y pisoteado del “sexo, drogas y rock and roll” es estropear una preciosa parte de historia del pensamiento.   Visto así podrían tener algo más de sentido las inquietantes declaraciones de la Ministra de Cultura, cuando dijo aquello de que un concierto de rock en castellano puede hacer más por la promoción de la cultura española que el Instituto Cervantes. Aunque tampoco hay que pasarse.

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