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Tribuna libre

Galgos y podencos en el PP. Pedrea de cargos. Díscolos en IU. Se hace necesario el ‘capitán, mande firmes’

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Ya lo decía mi abuela: ‘Dónde no hay harina, todo es mohína’. En el PP se han quedado sin la harina que proporciona el poder y están de morros, de caras largas y de ‘no te ajunto’.

A poco tiempo del congreso, los populares se ponen a discutir sobre si son galgos o son podencos, y salen a relucir las navajas socialdemócratas y los cuchillos liberales y los colmillos retorcidos. Espectáculo deprimente, según muchas voces que se oyen en Génova, en los pasillos del Congreso y en los salones del Senado. El descontento es general y todas las miradas se vuelven a Mariano Rajoy en espera de un gesto que dé un poco de oxígeno, no a los contendientes sino a los militantes de base que están cada vez más desmoralizados.

Hasta Manuel Fraga habla del congreso del partido del que es presidente de honor y dice que no lo quiere a la ‘búlgara’. Más de un dirigente del PP ha dicho que no le importaría que fuera a la ‘búlgara’ con tal de que no sea a ‘la gallega’, que es lo que se ve venir. Es decir, nada de nada, subir y bajar y posiblemente quizás. Y así hasta las próximas elecciones si es que Esperanza Aguirre no se tira definitivamente al ruedo y se deja de eufemismos, de debates ideológicos y coge el toro por los cuernos. Que es lo que dicen algunos de los que esperan sentados en la acera de la calle Génova: Esperanza , lo que has de hacer hazlo pronto o calla para siempre.

En eso de callar, es de esperar que Mariano Rajoy no calle para siempre porque sus silencios están siendo demasiados sonoros. Valga de ejemplo la soledad en la que ha dejado a Camps con lo del agua del Ebro. O la callada a los ‘supuestos noes’ de Pizarro y de Costas a las propuestas demasiado bajas de tono que parece que se les hicieron.

Mientras, los socialistas se recrean en la suerte. En la suerte que están teniendo los agraciados en la ‘pedrea’ de las secretarías de estado, de la direcciones generales y de las presidencias de empresas más o menos públicas. También ahí cuecen habas, lo que pasa es que el BOE es mucho BOE y nadie levanta la voz. El problema es que la calidad baja en cascada y tras el presidente vienen los ministros y tras los ministros los secretarios de estado y así hacia abajo… en el doble sentido de la palabra.

Por ejemplo, el Ministerio de Defensa. En lo que es la rama militar y la cadena de mando, sin problemas, y la ministra ya lo está comprobando. Por ‘lo civil’, el nombramiento de Constantino Méndez es todo un presagio. Era el delegado del Gobierno en Madrid que se encargaba de contar -‘con los dedos de una mano’- el número de manifestantes. Pues no se hable más.

Claro que también Mesquida ha pasado de policía a turista. Por lo menos en la policía no ha dejado la ‘ecotasa’, y eso siempre es muy de agradecer.

Son dos botones de muestra de lo que se ha dado en llamar la ’pedrea’ de cargos menores pero que no son tan menores y, además, acumulan mucho poder decisorio, de ese que no se ve pero que cuenta.

Al que –como siempre- le crecen los enanos o los menores es a Gaspar Llamazares. Ahora que se ha decidido a expulsar a sus gentes del País Vasco porque no condenan o porque no se enfadan en Mondragón, resulta que en su coalición -tan unida ella- no disponen de los recursos jurídicos ni reglamentarios para expulsar a los díscolos. La verdad es que a Llamazares, entre unos y otros, le están dando la retirada.

Y Rodríguez Zapatero –a quien Berlusconi ha comparado con la pantera rosa, o algo así- feliz en su arcadia feliz. Ni hay trasvase, faltaría más que el presidente no cumpliera su palabra; ni hay crisis económica, que para eso están Sebastian y Solbes –el vestuario es una piña-; ni hay problemas con la política internacional y somos líderes en el mundo mundial. O sea, que ya empezamos.

Han empezado, están empezando sus escarceos –políticos, por supuesto- Soraya Sáenz de Santamaría y José Antonio Alonso. Todo amable, todo besos y todo buenas caras. Pero no hay acuerdo de momento y se reúnen varias veces y hasta altas horas de la noche. Y es que Soraya es mucha Soraya y no es fácil de convencer en lo de la presidencias de las comisiones parlamentarias ni en los asuntos de la justicia. Si será difícil la portavoz del  Partido Popular que Alonso ha tenido que buscar refuerzos y ha llamado en su auxilio a Fernández Bermejo. Toda una garantía de buen talante.