Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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El Gobierno opaco

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Se cumple en estos días el trigésimo aniversario del inicio del cambio político que dio lugar a la democracia, un sistema que, además de permitir que el pueblo ejerza su soberanía a través de la elección libre de sus dirigentes, se caracteriza por la transparencia ya que los gobiernos que se forman tras las elecciones suelen tratar de cumplir los programas elaborados por sus partidos. Sin embargo en España, el Partido Socialista, que ganó las elecciones del 14 de marzo de 2004, se vio obligado a pactar con ERC para poder formar Gobierno. Es posible que no sea únicamente esta circunstancia la causa de la forma de gobernar del PSOE pero lo cierto es que la opacidad ha sido la tónica seguida en asuntos clave como la política antiterrorista o la articulación del Estado. El Presidente ha celebrado numerosas reuniones que, muy a su pesar, se han filtrado a la prensa, otras de las que el único testimonio que nos ha quedado ha sido una foto y probablemente ha habido muchas más de las que no nos hemos enterado. Son reuniones en las que -el tiempo lo saca todo a la luz- se establecen acuerdos de toma y daca con las fuerzas nacionalistas que le sostienen. El pasado mes de enero, el presidente Zapatero se reunió en La Moncloa con Ibarreche en un encuentro oscuro del que nada quiso que trascendiera, pero del que se derivaron cambios estratégicos que al cabo de los meses se han hecho evidentes. La realidad de hoy es que existe una consigna de silencio que se nota especialmente en el tratamiento que reciben los movimientos cívicos de defensa de las víctimas como la AVT, o de defensa de la libertad como el Foro Ermua. Además de la ramplona pero eficaz técnica de privar a este tipo de instituciones de fondos, se les intenta despojar del apoyo y proyección pública que necesitan para hacer llegar sus mensajes. Mientras, nadie nos ha explicado todavía que política se está siguiendo respecto al terrorismo y que objetivo se pretende alcanzar. Cuando dicen “primero que dejen las armas y después hablaremos”, si se les pregunta ¿de qué?, responden con evasivas o cambian de tercio. Yo vuelvo a preguntar ¿De qué se puede hablar con los terroristas? En cuanto a ERC y Carod Rovira, la existencia de un pacto es un secreto a voces. Lo grave es el calado y trascendencia de ese pacto que contempla, además del aislamiento y a poder ser destrucción del PP, la aprobación del nuevo estatuto para Cataluña y a continuación otro con similares atribuciones para el País Vasco. PSOE, ERC, PNV y ETA, en la sombra, sin luz ni taquígrafos, han decidido ya como van a convertir a España en un estado federal, como van a integrar a ETA en la vida pública y como van a soltar a los presos. El Gobierno se ha prestado a ello por convicción o por necesidad, y ha dado ya importantes y vergonzantes pasos en esa dirección. La ruptura de facto del Pacto por las Libertades, el permiso concedido por el Congreso para negociar con ETA, la aprobación en el Parlamento Catalán del nuevo Estatuto, con el imprescindible impulso del PSC y en última instancia de Zapatero, su toma de consideración en el Congreso, la actitud de la Audiencia Nacional ante el macrojuicio de ETA, las declaraciones de Pachi López, son pruebas inequívocas de en qué dirección vamos. Tenemos un Gobierno sinuoso y ocultista que acusa de generar “bazofia informativa” a los que ponen en evidencia sus métodos poco ortodoxos y descubren sus citas clandestinas. Si de verdad creyesen en su política, en el apoyo de los socialistas de a pie, no necesitarían esconderse, ni disimular ante ellos. Ese va a ser su verdadero problema, explicar a los votantes socialistas su política entreguista con los nacionalismos, convencer a las emigrantes andaluces que viven en Cataluña o a los socialistas de los pueblos vascos que se juegan la vida y la libertad de que se puede gobernar con Batasuna. Están traicionando a sus bases y les va a salir muy caro. Lo malo es que también le va a salir muy caro a España.