Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Este Gobierno tiene un problema

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Tras el rotundo éxito de la manifestación del pasado sábado, está claro que a este Gobierno, a su Presidente, le ha salido un grano inesperado: el de una sociedad que está dispuesta a movilizarse cada vez que considere que el ejecutivo practica una política sectaria y partidista en cuestiones claves de la vida nacional como son las referidas a la familia, a la libertad de enseñanza, a la cohesión nacional, a la lucha contra el terrorismo o a cualquier otro tema que tenga que ver directamente con los valores más básicos y fundamentales de nuestro sistema de convivencia. Pero aparte de este grano, el Gobierno además tiene un problema: algunos personajes de su propio engranaje han puesto ya en marcha la infernal maquinaria para perder las siguientes elecciones y cuando eso sucede, no hay quien lo pare. Esa terrible "maquinita" tiene diversos botones para su puesta en funcionamiento y todos han sido ya activados por diversos dirigentes del socialismo gobernante. El primero que lo hizo fue el propio Zapatero cuando desde hace ya unos meses ha dejado claro que lo del buen talante y el diálogo era una pura pose que no se correspondía con la realidad. El Presidente no dialogó con las víctimas del terrorismo tras la gran movilización que estas protagonizaron el pasado mes de junio pidiéndole que no negociara con ETA. Tampoco lo hizo con el Foro de la Familia, entidad convocante de otra gran marcha que tuvo como escenario Madrid y en la que se solicitó que no se denominara matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. Y resulta poco creíble que lo vaya a hacer ahora con los convocantes de la manifestación del pasado sábado. Recibirles en la Moncloa, sí; hacerse la foto con ellos, por supuesto; pero ¿retirar la LOE?. Pensar eso sería no conocer a Zapatero. Pero no solamente es el Presidente el que ha apretado uno de los botones de la máquina de perder las elecciones. También lo ha hecho un personaje especialmente patético cada vez que habla que no es otro que Pepiño Blanco. El secretario de organización del PSOE nos ha recordado que cuando era pequeño le enseñaron que mentir era pecado, para a continuación, acusar de ello a algunos Obispos y al PP en relación con la Ley Orgánica de Educación Lástima que Blanco no recordara también que matar (el GAL) es pecado; o que robar (fondos reservados de Interior), es pecado; o que enriquecerse ilícitamente (casos Filesa, AVE, BOE) es pecado. Ya se ve que Blanco tiene un concepto un tanto "selectivo" de lo que es o no es pecado. Montilla, el ministro de Industria, también está contribuyendo lo suyo a poner en marcha la citada "maquinita". Porque mantenerse en su cartera, después de que El Mundo haya desvelado lo del crédito de La Caixa al PSC, es de nota. Acusar a Jiménez Losantos o a Pedro J. Ramírez de ser los responsables máximos de la crispación que existe en la sociedad española o de sembrar el odio hacia Cataluña, amén de una estupidez, es una enorme torpeza, porque va a saber Montilla lo que es tener colgados de la chepa a los dos citados periodistas. Este Gobierno, su Presidente, tiene abiertos demasiados frentes. Sólo llevan diecinueve meses en el poder y el desgaste que están sufriendo es brutal. Las encuestas empiezan a apuntar un descenso electoral del PSOE que caso de celebrarse ahora unas elecciones generales, incluso se traduciría en menos votos que el PP. Lo cual, reitero, habiendo transcurrido menos de dos años en el Gobierno, es todo un récord. Uno más que habrá que apuntar en la cuenta de Zapatero.