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Haciendo país

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Los nacionalistas -léase separatistas- se mueven. Siempre han tenido muy claros sus objetivos, pero ha habido periodos —breves- en los que han tenido que ralentizarlos porque las circunstancias no les eran favorables. Desde que los socialistas se hicieron con el poder por una mayoría exigua han comprendido que debían aprovechar la coyuntura, la mejor que se les ha presentado en muchos años. Con tal de mantenerse en el poder y aislar al Partido Popular, el Gobierno socialista está dispuesto a hacer las concesiones —en muchos casos irreversibles- que sea necesario. Por tanto, frotándose las manos, los separatistas se disponen a sacar la máxima tajada de la situación. Sin complejos ni disimulos, dedican sus esfuerzos a “hacer país”. Laporta ha desplegado una pancarta en el estadio del Barcelona en la que se pide un nuevo estatuto, ¿Se imaginan la reacción que se hubiera producido si ocurriese algo similar en el Real Madrid?. La consejera del Gobierno Vasco Idoya Zenarruzabeitia afirma ante los medios de comunicación que el Pacto contra las Libertades y Contra el Terrorismo es un mecanismo del pasado y exige sin pudor al Gobierno que lo derogue. Están crecidos, son los protagonistas, los que manejan “el cotarro”, aunque su representatividad en el conjunto de la nación —léase España de momento- es absolutamente minoritaria. Unos piden un nuevo “Estatut”, otros la “Cosoberanía” y ¿qué hace el Gobierno de los españoles?, ¿Qué intereses defiende?, ¿los suyos particulares o los de todos?. Los que quieren disgregar piden, exigen, reclaman e intentan desbordar el marco legislativo, aprovechándose de que son ellos los que sostienen al Gobierno. Mientras, se intenta rodear este clima “constituyente” de una aureola de normalidad, sin tomar ninguna iniciativa para proteger los intereses superiores del conjunto de los españoles. El Régimen de las Autonomías para algunos ya no sirve, se ha cumplido su ciclo, es necesario avanzar más hacia la secesión, la fruta está madura. Los separatistas “hacen país” ante la pasividad general. El Gobierno Vasco impulsa la fusión de las Cajas Vascas —quieren otra Caixa- aduciendo únicamente motivos económicos, nadie se lo cree pero hacen como que sí; el proyecto ferroviario de la Y vasca lo único que pretende es cohesionar internamente el territorio, nada de unir Madrid con Irún. La OPA sobre Endesa de Gas Natural tiene un trasfondo político de intercambio de cromos evidente. Y lo más grave, las componendas secretas entre el Gobierno y el PNV poniendo sobre el tapete la gestión de las cárceles, el acercamiento y posterior excarcelamiento de los presos etarras, a cambio del apoyo nacionalista a los Presupuestos y de un deseado final del terrorismo, irán saliendo a la luz. Serán concesiones que, lamentablemente, tendrán unas consecuencias gravísimas, porque ¿alguien cree que ETA va a renunciar después de treinta años matando, a su pretensión de un País Vasco independiente?. Lo han dicho los propios servicios secretos, al final, inevitablemente, las posturas en una negociación serían irreconciliables. Pero todo lo que hayamos dado hasta entonces a los nacionalistas estará en su haber. Los nuevos estatutos, la cosoberanía, todo lo que se inventen, no es un fin en si mismo sino un medio, un camino para llegar al objetivo final que no es otro que la independencia. El Gobierno está alimentando unos nacionalismos periféricos que si nadie lo remedia nos acabarán devorando y destruyendo. Lo ha dicho con claridad y sin eufemismos, Alejo Vidal-Cuadras refiriéndose al caso catalán: “O nosotros acabamos con el Estatuto o el Estatuto acaba con nosotros”. Pues bien, extrapolando la frase de Vidal-Cuadras, si no ponemos coto a los separatistas serán ellos los que liquiden España.

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