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Impotencia internacional frente a Corea del norte

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La gravedad llega al extremo de que la gente se vuelve loca, y recurre al canibalismo para sobrevivir.

Realmente, la situación del norte de Corea resulta dramática. Mientras el reducto comunista en el poder amenaza la paz con sus aventuras nucleares, la población sigue sufriendo los efectos de la sequía, con terribles hambrunas.

La gravedad llega al extremo de que la gente se vuelve loca, y recurre al canibalismo para sobrevivir. Lo anunciaba la Agencia Fides el 28 de enero. En la información mencionaba que, el pasado mes de mayo, el Institute for National Unification de Corea del Sur, había tenido noticias de un hombre ejecutado por haberse comido parte de uno de sus colegas y haber tratando de vender el resto del cuerpo como si se tratase de carne de cordero. Otro fue ejecutado por matar a 11 personas y vender los cuerpos como carne de cerdo. También hay casos de canibalismo en los campos de detención.

En un despacho más reciente, del 16 de febrero, Fides explica que el fenómeno se está agravando: "Hambrientos, los habitantes de la provincia de Hwanghae continúan desenterrando cadáveres y matando a sus propios hijos para hacer frente al hambre".Todo esto sucede mientras el líder norcoreano, Kim Jong-un, con sus generales, parece decidido a continuar la "guerra psicológica" contra los Estados Unidos llevada a cabo durante años por su padre Kim Jong-il. Sin atender las advertencias de la comunicad internacional, y particularmente de su aliada China, Pyongyang acaba de realizar una nueva prueba nuclear, la tercera después de las de 2006 y 2009, con una potencia de más del doble, según los sismógrafos.

Pekín ha manifestado enseguida su descontento, que reflejaría una creciente exasperación frente a la "dinastía" Kim, según The Washington Post. Pero, para la mayoría de los analistas anglosajones, es poco probable que el nuevo número uno Xi Jinping rompa con el dictador coreano.

En cambio, no se ha hecho esperar la reacción de Seúl: Corea del Sur ha presentado un video del despliegue de sus proyectiles de crucero, capaces de alcanzar cualquier objetivo en el norte: "Hemos dado a conocer los misiles de crucero para mostrar la disposición de nuestras Fuerzas Armadas y tranquilizar a la gente tras la prueba nuclear de Corea del Norte y su lanzamiento de misiles", explicó el general Ryu Young-jeo.

Por su parte, el régimen norcoreano, a través del diario estatal Rodong Sinmun informa de que su ejército es capaz de obtener misiles balísticos intercontinentales, para garantizar su defensa ante las fuerzas "hostiles" lideradas por Estados Unidos. También por esto, debería fortalecer su poder disuasorio nuclear. En la práctica, avanzan a pasos agigantados hacia la posesión de un armamento nuclear sofisticado.

Como señala Le Monde, 14 de febrero, "todo el equilibrio estratégico en Asia se ve amenazado. Otros países de la región pueden sentirse tentados a seguir ese camino: la zona de más rápido crecimiento del mundo podría convertirse en el escenario de una carrera de armas de destrucción masiva. No es nada tranquilizador".

El 27 de julio se cumplirán sesenta años del fin de una guerra en la que murió más de un millón de coreanos. No hubo vencedores ni vencidos, ni se firmó tratado de paz. Desde entonces, Corea del sur, aliada de Estados Unidos –que mantiene allí casi treinta mil soldados‑, ha progresado económicamente de modo espectacular, mientras el norte se hunde en la pobreza y la opresión.

En Estados Unidos se asume la ineficacia de casi veinte años de conversaciones. Y, ante la amenaza directa de Corea a la costa Oeste norteamericana, se piden respuestas agresivas: así lo hace The Washington Post, el 13 de febrero, sugiriendo comenzar por una mayor presión a China y Xi Jinping.

Pero una vez más se demuestra la debilidad del derecho internacional. El régimen de Pyongyang puede permitirse despreciar impunemente al Consejo de seguridad de la ONU, que condenó los ensayos nucleares como una "amenaza clara para la paz y la seguridad internacionales". La gran duda sigue siendo si Pekín –pieza clave en el conflicto‑ se atreverá a adoptar medidas que apacigüen a su belicoso aliado.

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