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Tribuna libre

Israel, en vísperas de otro año alarmante

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Acabo de volver de Jerusalén, y por eso puedo hablar de los ánimos reinantes entre los ciudadanos de Israel.

En vísperas del Año Nuevo, 5767 conforme al calendario judío, el último soldado israelí abandonó el territorio libanés en cumplimiento de la adecuada resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.   Acabo de volver de Jerusalén, y por eso puedo hablar de los ánimos reinantes entre los ciudadanos de Israel. Pese a la impetuosa alegría de los adoradores de Nasrallah en diversos países árabes, los isralíes no se consideran perdedores. He visto un país tranquilo, una gente tranquila y unos soldados tranquilos que, como siempre, van arma en mano. Así pues, para la mayoría de los habitantes de Israel, la reciente guerra libanesa no es más que una de las numerosas crisis que sacuden la zona, no se trata del primero ni del último enfrentamiento con sus vecinos.   Por esto, celebrarán la fiesta como siempre, es decir, en un clima de alegría vigilante, que para ellos es una actitud común y corriente. Y desde un par de días antes, sobre todo a lo largo de la frontera con la autonomía palestina, reforzarán la defensa, ya que los responsables del orden público han recibido unas 20 advertencias sobre posibles atentados terroristas.   En un futuro cercano, la frontera libanesa preocupa algo menos a los israelíes: es poco probable que Hezbollah organice por enésima vez “fuegos artificiales” con motivo del Año Nuevo, aunque, al decir de Nasrallah, el arsenal de esa organización extremista cuenta con 20 mil cohetes de combate. Los ciudadanos de Israel comprenden que mientras la asistencia humanitaria se dirija en flujo continuo al Líbano, Hezbollah no se atreverá a disparar por encima de las cabezas de los pacificadores de la ONU.   Pero en cuanto al futuro algo más lejano, sólo podemos hacer conjeturas. Casi todas las fuentes, cuando mencionan la resolución del Comité de Seguridad sobre el Líbano y repasan uno a uno todos los asuntos relativos a Israel, prefieren obviar el referente al desarme de Hezbollah. Procede señalar que si la resolución sobre el Líbano no se cumple, y así se recordará necesariamente si la situación en Oriente Próximo se agrava, la responsabilidad recaerá en los europeos pues precisamente ellos constituyen la base de las fuerzas de paz de la ONU, y declaran que ni siquiera tratarán de ocuparse del desarme de Hezbollah.   De tal modo, con el visto bueno de la comunidad mundial, Nasrallah se ha convertido en figura inviolable. Es además impensable que los pacificadores sean capaces de detener la afluencia de armas a la región, por lo que en caso de una nueva guerra, inevitable en opinión de la mayoría, a Israel le amenaza una nueva lluvia de 20 mil cohetes. Cohetes escrupulosamente custodiados tanto por los extremistas de Hezbollah como por los pacificadores de la ONU. Podemos imaginar la cólera de las capitales europeas si Israel descubriera y atacara el almacén donde se guardan esos misiles. Sería comprensible porque, de hacerlo, Israel violaría burdamente la resolución de la ONU, cuando los únicos en condiciones de violar tales documentos son los pacificadores.   He visitado Belén, situada en el territorio palestino. He de decir que tras largas negociaciones entre judíos y árabes, los viajes a esa zona acaban de reanudarse. Yo salí con el segundo grupo de turistas, el primero lo hizo la víspera. Actualmente, para llegar a Belén hay que sustituir al taxista judío por árabe (en general, un guía hebreo en Belén es persona non grata), pasar por el puesto de control y sortear la célebre muralla que separa a los dos vecinos.   Porque aquí la muralla ya está levantada. Por la parte israelí es de blancura nívea; por la palestina, está cubierta de caricaturas de judíos y norteamericanos. Naturalmente, se podrá denostar la conveniencia del muro, y seguir perorando sobre que esto no resolverá el problema. A decir verdad, no es más que un paliativo y creo que no durará mucho. Pero, aunque sea a trancas y barrancas, cumple su función; en todo caso, se redujo el número de atentados terroristas y el de robos en territorio israelí. Y hay menos accidentes con desenlace fatal. Hace dos años, por ejemplo, cuando esa muralla no existía aún, dos familias de hebreos de origen ruso, soldados sin uniforme junto con sus mujeres e hijos a bordo de dos coches, entraron por error en un barrio árabe de Ramallah donde fueron brutalmente asesinados por la multitud, acción que fue grabada por reporteros de la televisión italiana que estaban en el lugar de hechos. Luego, gracias a ese documento gráfico, los servicios secretos israelíes capturaron a los criminales.   Todo esto sucedió muy cerca —en Israel todo está cerca— del Gólgota, donde Jesús con su pasión, agonía y muerte sufrió por nuestros pecados. Situaciones así pueden ser evitadas por la controvertida muralla. Todo depende de si la merecemos o no.