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Tribuna libre

El amor de Jacques Chirac por el arte africano y asiático, una pasión que puede convertirse en un caro capricho

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Jacques Chirac quiere poner un broche cultural a sus diez años de presidencia. La idea viene de largo. Tanto, que se le ocurrió nada más llegar al Elíseo en 1995: un museo consagrado a las artes y civilizaciones de Africa, Asia, Oceanía y América.

Los años han pasado, y por fin podrá ver hecho realidad su anhelo antes de tener que renunciar a la presidencia de la República francesa el año que viene. En principio, la inauguración del Museo de Artes y Civilizaciones, el Quai Branly, está prevista para dentro de unas semanas, el 20 de junio. Con un poco de suerte, las obras habrán terminado para entonces aunque el edificio, diseñado por Jean Nouvel, necesita todavía algunos retoques.   El museo tiene un fondo de 70.000 objetos africanos, algunos de finales del XIX, pero en su mayoría del siglo XX. Desde el mobiliario o bordados usados en las ciudades del Norte, pasando por los instrumentos de música de todo el continente o las “sociedades de máscaras”.   La sección de Asia permitirá descubrir los decorados japoneses, las distintas formas de budismo en el Sureste de Asia, la China de los Han o el lenguaje de los ornamentos y el simbolismo de las armas en Oriente. Los objetos de Oceanía estarán representados por regiones. Muchos proceden de las adquisiciones realizadas por los aventureros de finales del siglo XIX.   Y, finalmente, América propondrá tres escenarios: del siglo XVII hasta la actualidad, la “transversalidad de las transformaciones” de los objetos amerindios, y la cultura americana antes de la llegada de los europeos.   Se podrán contemplar las tres estatuas de arcilla nok y sokoto adquiridas por el museo en 1998 por 450.000 euros, cuya compra provocó un escándalo en Francia al descubrirse que procedían de excavaciones ilícitas en Nigeria, y más todavía cuando se supo que Chirac había intervenido ante el presidente nigeriano para cubrir con un documento oficial su adquisición. El Quai Branly tuvo que devolver las estatuillas, pero las autoridades lagosianas optaron por dejárselas en depósito.   Es de esperar que la pasión de Chirac no quede en un simple capricho (sólo la construcción del edificio ha costado 235 millones de euros) y el museo sirva para estimular la curiosidad del público. Al menos coge de paso para los turistas que vayan a visitar la Torre Eiffel.

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