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Tribuna libre

¿Jesús de Polanco desquiciado?

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Inaudito lo que está sucediendo en este país: cordones sanitarios, bofetadas entre jueces y fiscales, intelectuales enfrentados y hasta don Jesús desquiciado

Se mire donde se mire, el mismo paisaje monocolor, sin matices, un país desquiciado. El mismo trastorno, la misma confusión. No hay tregua en Política, cada día un punto más alto el tono, la imprecación, el mandoble verbal. Cordones sanitarios, manifas y contra-manifas, pactos del Tinell, abucheos y pataletas en el Congreso. Pues tú más.

Si uno se abstrae unos segundos para deleitarse con la victoria de Nadal en Indian Wells, casi no da crédito cuando vuelve los ojos a España, tal es el deterioro, la descomposición y la lucha a cara de perro. También en la Justicia. Baltasar Garzón empuja a Aznar a los tribunales internacionales, mientras la Audiencia Nacional abofetea a la Fiscalía de Cándido Conde Pumpido con una durísima sentencia donde le recrimina ese afán por dar con la cuadratura del círculo hasta permitir que Otegi duerma en casa.

La gente se subleva porque considera que están tocando lo más sagrado: la unidad territorial, sus creencias, la educación de los hijos, la independencia de la justicia, la memoria de los muertos… Y no tolera, sobre todo, que el inquilino de La Moncloa pueda estar haciendo manitas con los pistoleros de ETA. Esto radicaliza a las personas, que consideran justificada entonces cierta beligerancia que ralla el motín.

Nada se libra. Ni la Economía. Sólo hay que fijarse en ese culebrón por entregas de la compra de Endesa. Cada semana, un episodio. Con un guión apasionante, escrito con maestría. Detrás de cada esquina, una sorpresa: al asalto gubernamental, le siguió la aparición de un caballero blanco de rasgos teutones. Cuando éste creía que todo iban a ser parabienes, apareció entre los canales el Zorro que, ¡alehop!, venía de la mano de ese primo de Zumosol que habla italiano. No. No se vayan todavía que seguro que aún habrá más.

La convulsión nacional parece haberse contagiado a todos los órdenes. También al mundo de la Prensa y los medios de comunicación. Hasta un hombre proverbial, discreto, prudente y comedido como don Jesús de Polanco se ha despachado con declaraciones jamás vistas: revancha, guerra civil, franquismo puro y duro en el PP, miedo, laicismo financiado por Prisa…

Y no era simple retórica. Que se lo digan, si no, al columnista Hermann Tertsch, que no volverá a escribir en las páginas de El País tras mostrar públicamente su discrepancia con la política negociadora de Zapatero en materia antiterrorista, y censurar, desde su condición de experto en relaciones internacionales, el papel que está jugando España en el mundo.

Javier Moreno contra Pedro J. Ramírez. Luis del Olmo y Andréu Buenafuente contra Federico Jiménez Losantos. Ernesto Ekaizer y José Antonio Zarzalejos versus Casimiro García Abadillo y Luis del Pino a cuenta del 11-M y una supuesta teoría de la conspiración.

El PSOE no acude a Telemadrid y a la cadena autonómica balear IB 3 con la acusación de sectarismo y parcialidad en esas televisiones. El PP no pisa desde hace muchos meses los debates de TVE. Y ahora está dispuesto a boicotear las convocatorias del Grupo Prisa y sus terminales mediáticos: El País, la Cadena SER y Cuatro. Por alusiones.

El desquiciamiento y el extravío llegan incluso hasta esa misteriosa buhardilla donde mora la intelectualidad española. Tampoco allí hay paz. Digno de mención ha sido el debate abierto hace una semana, precisamente por el diario El País, con la siguiente pregunta: “¿Por qué los intelectuales de izquierda se hacen de derechas?”. Muy interesantes las aportaciones de Ignacio Sotelo, Paco Fernández Buey, Fernando Savater o José Vidal-Beneyto. Y la réplica, el sábado, de Carlos París a Fernando Savater.

Es una continuación de aquella otra confrontación pública desatada meses atrás entre el asesor áulico de Zapatero, Suso de Toro, y algunos ‘disidentes’ de la izquierda zapateril como Antonio Elorza, una porfía que ya describí de forma monográfica en otro artículo –véalo aquí. Todo esto muestra bien a las claras que tampoco por el río del pensamiento nacional bajan muy tranquilas las aguas. Más bien todo lo contrario.

Por tierra, mar y aire. Política, Justicia, Economía, Medios de Comunicación, Pensamiento… Todos los ámbitos de la sociedad, impregnados de ese asfixiante chapapote del enfrentamiento a cara de perro. Sin tregua. Sin que pueda haber heridos o posturas neutrales. ¿Y tú con quién vas? El posicionamiento es exigido casi con saña.

Lo dicho. Polanco desquiciado, en un país desquiciado.