Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Joder a la Iglesia

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Lo ha dicho un actor de cine, dedicado a películas cuyo argumento gira -entre otros temas- en torno a la eutanasia,  los delincuentes y  los homosexuales. Aspirante frustrado al Oscar de Hollywood y sostenedor constante -junto a su madre- de pancartas en cualquier manifestación "progre", dice que si fuera homosexual se casaría para “joder a la Iglesia”.

 

Fino intelectual y dialéctico de talla, le falla la historia. Son legión los que han dicho algo parecido a lo largo de veinte siglos. Innumerables quienes lo han intentado en dos mil años y todos están donde están y han fracasado ruidosamente ellos y las pobres ideas que defendían. La Iglesia sigue ahí y seguirá hasta el final de los tiempos. Con hombres que tienen sus debilidades, sus fallos y sus errores y con el lastre de los defectos de cualquier ser humano, pero ahí está desarrollando su misión como ninguna otra institución en el devenir de la humanidad.

 

Y ahora llega este progre, con aires de novedad, a repetir la "machada" de tantos y tantos. Nada nuevo, nada divertido, nada ingenioso. Un escupitajo zafio, grosero, ridículo y tonto en el que se retrata perfectamente por si alguien dudaba de la categoría intelectual de este sujeto.

 

Un personaje que intenta hacerse notar como sea, que se pone detrás de cualquier pancarta y que cree que el insulto tonto y de poco ingenio le puede aupar al estrellato de quienes piensan tan pobremente como él.

 

Uncirse al carro de lo más fácil, de la moda más al uso, de la frase con la que se hace un mutis en busca del aplauso de los camaradas dice bien poco de quien lo intenta. Aunque, en este caso, dice mucho de quien emplea la sal gorda para arrancar ese aplauso.

 

Este señorito lo ha intentado. Ha ofendido a mucha gente, lo que pasa es que ese sentimiento de ofensa está mezclado con la carcajada que nace espontánea ante la sandez. Es inevitable. El atolondrado siempre ha producido una mezcla de pena y de risa.

 

Que un personaje como él diga cosas como la que ha dicho no sorprende, pero como siempre van juntos a las manifestaciones sí sorprende no ver en este caso -junto a él- sujetando la pancarta, a su madre.

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