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José Tomás

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El fenómeno José Tomás ha sobrepasado los límites de la crítica taurina para convertirse en una especie de locura colectiva, con posturas no muy ortodoxas

Que José Tomás es un grandísimo torero está fuera de toda duda. Que José Tomás es uno de los mejores matadores de toros de los últimos treinta años es indiscutible. Que José Tomás pisa unos terrenos comprometidísimos y que para torear así hay que tener un valor inconmensurable a prueba de cornadas es evidente. Además, hay que concluir que la reaparición de José Tomás en esta temporada -en la que ha toreado 16 corridas de las 17 contratadas y en todas ellas ha triunfado- ha supuesto un gran balón de oxígeno para la Fiesta, que en lugares como Barcelona ha resucitado gracias en buena parte al torero de Galapagar.

Dicho lo cual hay que reseñar que el fenómeno José Tomás ha sobrepasado los límites de la crítica taurina para convertirse en una especie de locura colectiva, en la que los componentes de ese colectivo se han uncido, de forma no muy ortodoxa, al carro mediático.

Informadores que confiesan que es la primera vez que asisten a una corrida de toros se atreven a colocar a José Tomás por encima de Joselito, de Belmonte o de Antonio Ordóñez y afirman -sin saber muy bien lo que dicen- que es la reencarnación de Manolete. Los “enterados” de nuevo cuño aseveran, sin sonrojarse, que José Tomás puede con todos los toros “aunque sean bravos” (?). Lo califican de “mesías” del toreo, de “dios” de las plazas y quién sabe cuántos disparates más -aún teniendo en cuenta que el “planeta de los toros”, que dijo el maestro Cañabate, siempre es muy dado a la hipérbole-.

José Tomás, un grandísimo torero, ha toreado 16 corridas esta temporada y ha estado en activo 8. Que un torero con tan corta trayectoria sea capaz de ocupar el puesto privilegiado que tiene en el toreo quiere decir que es una gran figura y un fenómeno fuera de serie.

Pero junto a esos méritos, que no son dudosos, hay que tener en cuenta su falta de regularidad, sus altibajos, su retirada prematura el año 2003 y los innumerables revolcones que sufre en sus actuaciones, evidentemente por su concepto de la tauromaquia, que se basa en ocupar terrenos inverosímiles y provocar situaciones que hasta puede parecer a muchos que están lejos del toreo de dominio y de técnica que no pasa por estar tan a merced de los toros.

Todo suena algo a injusticia con otros toreros que han hecho una impresionante temporada, que llevan muchos años a la cabeza del escalafón y que no tienen menos valor que José Tomás.

Uno piensa qué pasaría por la cabeza de César Rincón -uno de los mejores toreros que ha pisado las plazas españolas, con repetidas y meritorias salidas a hombros en Las Ventas-, un torero marcado por la fatalidad que se ha sobrepuesto a todo, que ha practicado la más difícil de las tauromaquias, esa que consiste en traerse al toro “toreado” desde lejos y aguantar el viaje, y que verá eclipsada su despedida dignísima y torerísima con el colofón de una gran faena en la Monumental de Barcelona.. Hay más nombres, pero sirva esta mención de ejemplo y de homenaje al matador colombiano.

Bienvenida sea la reaparición de José Tomás. Bendito sea su valor y su toreo profundo y escalofriante. Desde ya, los aficionados esperamos que siga en los ruedos la temporada próxima para bien de la Fiesta.

Pero dejemos las cosas en su sitio.

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